Resulta curioso que en la Tierra, el Planeta Azul con el 75% de su superficie cubierta de agua, el acceso al agua corra peligro. El principal motivo es que solo un 2,3% de la misma es dulce y, de ese porcentaje, solo un 0,3% resulta accesible a la población para ser utilizada para su abastecimiento. El resto: agua salada.

La incidencia del calentamiento global en el planeta está provocando que haya cada vez más zonas con escasez hídrica. Más de 3.000 millones de personas, el equivalente al 40% de la población mundial, lo sufre a diario: no tienen acceso a agua potable para el consumo, tampoco para garantizar un saneamiento e higiene seguros.

Las previsiones de Naciones Unidas no son alentadoras, aseguran que esta cifra está aumentando y que hay que tomar medidas urgentes para paliar sus efectos. Hace una década, en 2010, la ONU declaró el agua recurso básico y derecho humano universal. En 2015, convirtió el acceso al agua potable y saneamiento como uno de os Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

“Quien solucione el problema será merecedor de dos premios Nobel: el de Economía y el de la Paz”, decía John F. Kennedy. Y no le faltaba razón al presidente de los Estados Unidos puesto que ya el Foro Económico Mundial considera al agua, “el petróleo del siglo XXI”.

Crecimiento de la población, mayor contaminación, sequías pronunciadas y aumento de las inundaciones…. Cada vez necesitaremos más este recurso natural –la ONU estima un aumento del 53% en la demanda para 2035- y cada vez disponemos de menos. Pero ya existen soluciones que, si aplicamos hoy, garantizarán el acceso para mañana.

Los océanos albergan más del 96% del agua del planeta

Una de ellas la encontramos en los océanos, que albergan más del 96% del agua del planeta. “Tecnológicamente es posible convertir el agua del mar en agua potable. Y de hecho ya lo estamos haciendo” explica Fernando Cortabitarte, director de O&M Desalación en ACCIONA.

La ósmosis inversa consiste en aplicar presión a un volumen de agua de mar con una elevada cantidad de sal y filtrarla a través de una membrana semipermeable que permite su paso, pero no de las sales. “Esta tecnología ha evolucionado de tal manera que hemos conseguido obtenerla desalada con mínimos costes, respeto al medioambiente y de manera eficiente y sostenible” añade Cortabitarte.

El coste de desalar 1.000 litros equivale al precio de una garrafa de 5 litros de agua mineral. El consumo energético que requiere no es mayor que el de mantener el aire acondicionado conectado una hora en verano. Y el abastecimiento que alcanza es enorme.

Incluso en las zonas más áridas del planeta. La generada en Copiapó, una desaladora situada en el desierto de Atacama (Chile), abastece a 30.000 personas, además de a la industria agrícola y minera de la región.

Conexión entre las desaladoras

En España, en el Plan Nacional sobre el Agua en el que trabaja el Gobierno para 2021 se busca duplicar la producción de agua desalada a través, principalmente, de la conexión entre las desaladoras de Alicante, Murcia y Almería. Hablamos de pasar de 270 a más de 500 hectómetros al año. Esta zona del sureste de la Península Ibérica es, precisamente, la que más problemas de escasez suele tener.

Esta es una de las soluciones a la crisis mundial de escasez de agua, pero no la única: “Hay que incidir en el consumo responsable y sostenido y en su reutilización para solucionar el problema de la escasez en el futuro” concluye Cortabitarte.

Fuente: LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN / PLANETA INTELIGENTE – EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://planetainteligente.elmundo.es/retos-y-soluciones/la-solucion-a-la-escasez-de-agua-esta-en-el-mar-desalinizacion,



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