Por F.T

Los consumidores cambian sus hábitos a la hora de comprar productos alimenticios, declinándose por aquellos etiquetados como productos ecológicos y que producen un menor daño sobre el medio ambiente.

El crecimiento en la conciencia medioambiental de la población ha producido que aquellos productos “más contaminantes”, tengan un valor negativo para los compradores y por tanto elijan aquellos que confieren a los consumidores una mayor satisfacción.

Prácticamente en la mayoría de los casos, los productos ecológicos tienen un precio algo mayor que el de resto de productos con procesos de producción menos sostenibles.

Aunque también podemos encontrar otro grupo de productos que compiten en el mismo tipo de condiciones, tanto de precio, calidad y por supuesto la comodidad a la hora de adquirirlos. Pues recordemos que el consumidor es un “ente” vago por naturaleza, y es necesario poner todos los recursos posibles al servicio de los consumidores, si pretendemos que los productos ofertados lleguen a los consumidores.

El beneficio percibido es mayor

Varían mucho las condiciones de elección entre los consumidores que prefiere productos ecológicos, aún siendo más elevado el precio que alcanzan en el mercado.

La elección entre ecológico y no ecológico es un proceso interno de cada persona, que bien por causas económicas elije el segundo o por el contrario debido a su posición social, o apelando a su conciencia se inclinan por los ecológicos.

En la mayoría de los casos la elección ecológica se debe al beneficio que adquiere el comprador por realizar prácticas sostenibles, además en la mayoría de productos etiquetados como ecológicos, la calidad del producto es mayor y los sabores son más intensos, como el típico ejemplo de las verduras de huerto ecológico frente a las provenientes de grandes cultivos extensivos.



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