Una cooperativa mexicana presentó ayer en Londres su chicle biológico, Chicza, nacido de los árboles chicozapotes de la selva mexicana, ecológico desde el principio de su preparación y biodegradable hasta el final de sus días.

En el sureste de México, cerca de la frontera con Guatemala y Belice, el Consorcio Chiclero apuesta por la conservación activa de la selva con la producción de un chicle natural como alternativa a las gomas de mascar derivadas del petróleo.

Esta cooperativa tiene la filosofía de que el ser humano capaz de vivir de la naturaleza trabajará para conservarla, algo que ellos hacen con 800.000 hectáreas de chicozapotes.

Los trabajadores chiclean estos árboles centenarios, es decir, les hacen hendiduras para conseguir látex. Esta sustancia se hierve hasta su deshidratación, después se funde con otras ceras y se mezcla con azúcar de caña y jarabe de agave. Por cada temporada en la que el árbol está activo, le dejan siete años de descanso.

El producto se presentó en la Feria de Productos Naturales y Orgánicos de Londres, que terminó ayer. Es natural y no contiene conservantes ni espesantes. Además, es biodegradable: una vez mascado, se deshidrata y se convierte en polvo.



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