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En
marzo de 1999, el Consejo Europeo, aprobó en Berlín la Agenda 2.000
que abordaba un buen numero de aspectos entre los que se incluyo
la Política Agraria Común, PAC.
A partir de la década de los 50, la producción agrícola mundial
experimento un gran incremento que se consiguió mediante técnicas
de cultivo que agotaban y degradaban los recursos naturales con
objeto de alcanzar cosechas máximas. Las practicas de cultivo agrícola
intensivo se caracterizaron por el elevado consumo de fertilizantes
y plaguicidas, agotando los recursos hídricos y la fertilidad de
los suelos. Cincuenta años de sobreexplotación han llevado a situaciones
conflictivas que se pueden resumir en que un tercio de la superficie
cultivable se encuentra con niveles graves de degradación.
El exceso del uso de plaguicidas y fertilizantes artificiales, y
el déficit de agua de riego han distorsionado el equilibrio de los
agrosistemas. La reforma
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de
la Política Agraria Común tiene entre sus objetivos frenar esta
situación y llevarla a limites de desarrollo sostenible.
Desde
1992, en Europa, se están desarrollando medidas destinadas a
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fomentar
la explotación agrícola por métodos menos intensivos, promoviendo
la agricultura ecológica y la conservación de los suelos. La Agenda
2000, matizada por el Tratado de Roma y el Tratado de Ámsterdam,
enfoca, por encima de la productividad, la mejora de la competitividad.
Nuevos conceptos como la calidad y la seguridad sanitaria y nutricional
priman para conseguir que la imagen de los productos europeos, asegure
su competitividad. Se han creado infinidad de instrumentos para
soportarlo como: denominaciones de origen, estandarización de métodos
de producción y los conocimientos de los riegos alimentarios, todo
ello dentro de unas políticas coordinadas que buscan:
- Desarrollo sostenible del entorno rural
- Ordenación del territorio
- Conservación del medio ambiente.
Pero los problemas estructurales y diferenciales de las diversas
áreas europeas, los niveles retributivos del
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