La luz es la que nos ha hecho llegar a ser cómo somos

Gran parte de la investigación y avances en el campo de la Fotónica en nuestro país se la debemos a José Antonio Martín Pereda. Introductor de este concepto en España y pionero en los estudios de biestabilidad óptica y fenómenos caóticos, también ha ayudado a entenderlos mejor. A él debemos la creación de la primera escuela española de Comunicaciones Ópticas en la que se han formado generaciones de investigadores y de ingenieros, a los que también abrió un puente de acceso al prestigioso IEEE.

Martín Pereda se licenció en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense en 1967. Ese mismo año recibió su título de ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), en la que se doctoró cuatro años después. Recién graduado, obtuvo una Beca Fullbright que le permitió ampliar su formación en  Colorado State University, USA.

Su vuelta a España en 1971 supuso también la vuelta a la UPM. A esta institución ha dedicado gran parte de su vida. Primero como docente en su Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación; luego en la gestión, fue vicerrector de Investigación en la UPM de 1980 a 1985, o también en la experimentación científica desde su Departamento de Tecnología Fotónica, del que fue creador y director durante los años 1997 a 2002.

En su extenso e intenso currículum profesional se incluyen responsabilidades en la política nacional en los ámbitos de la I+D y las tecnologías, y en organizaciones nacionales e internacionales relacionadas con sus campos de trabajo. Autor de más de 100 artículos técnicos en revistas y congresos internacionales, con su empeño en difundir la ciencia ha dejado su firma en otros muchos divulgativos de política científica y en algunos libros como autor o coautor.

Académico constituyente de la Real de Ingeniería, José Antonio Martín Pereda ha recibido varios premios científicos que distinguen su dilatada trayectoria. Doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Cataluña, recientemente ha sido acreditado con igual reconocimiento por la Universidad Carlos III.

Científico brillante y excelente ejemplo del cumplimiento de la cadena humana de la ciencia, Martín Pereda también es admirable por su bonhomía y mirífica personalidad. De la mano de su padre aprendió a amar la pintura, un arte cuya práctica terminaría dejando por el peso del trabajo diario. Es el único “agujero” en su cabal biografía.



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