Descubierta una nueva pirámide en Egipto que fue construida hace 3.700 años

Las primeras fotografías del monumento, difundidas por el Ministerio de Antigüedades egipcio, muestran lo que el trabajo de la campaña ha ido dejando al descubierto. Un esqueleto de piedra que va surgiendo bajo las arenas del cementerio de Dashur, un perímetro salpicado de pirámides ubicado a unos 40 kilómetros al sur de El Cairo y que -junto a las de Abusir, Saqara y Giza- son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Según Alaa al Shahat, máximo responsable de las antigüedades de El Cairo y Giza, "todas las partes descubiertas de la pirámide se hallan en muy buen estado de conservación". "La excavación va a continuar y revelará más restos", advierte en un escueto comunicado hecho público por el ministerio para anunciar esta nueva sorpresa de la Egiptología, una fuente inagotable de buenas y fascinantes noticias. 

No obstante, la tarea de sobrevivir a 3.700 años en pleno desierto ha causado estragos en su armazón exterior, del que los arqueólogos no han hallado huellas. "Los restos descubiertos de la pirámide pertenecen a su estructura interna, que se compone de un pasillo que conduce a la zona profunda de la pirámide y una estancia que conecta con una rampa en el sur y una sala en el costado occidental", explica Adel Okasha, director de la necrópolis de Dashur.

En la excavación, la expedición ha hallado un bloque de alabastro -con unas dimensiones de 15 por 17 centímetros- en el que aparecen talladas 10 líneas verticales de jeroglíficos; un dintel de granito y bloques de piedra que descubren "la arquitectura interior de la pirámide". El texto, que es aún objeto de estudio, podría arrojar luz sobre este hito arquitectónico. Y es que queda todavía por descifrar la identidad del propietario del enterramiento y el reinado durante el que halló descanso eterno. Tampoco ha trascendido el tamaño de la estructura que una vez fue horadada en la tierra.

El único detalle que barruntan los artífices del descubrimiento es su adscripción a la XIII dinastía (1783 – 1630 a. C.), un tiempo convulso marcado por faraones que se suceden sin pena ni gloria, incapaces de gobernar todo el territorio y fundar su propia estirpe de gobernantes. Un barahúnda de pretendientes que llegan al trono usurpándolo y resisten en la poltrona durante meses o, en el mejor de los casos, años. Entonces como ahora, el caos en la cúspide es mitigado por los altos funcionarios que sobreviven en sus cargos, los verdaderos artífices de la administración faraónica.

El flamante armazón que acaba de ver la luz se halla emplazado al norte de la pirámide Romboidal que levantó el faraón Esnofru (2614-2579 a. C.), padre de Keops y precursor de la auténticas pirámides. La zona ha sufrido en los últimos años los estragos del expolio. 



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