Una investigación publicada en la revista científica Environmental Pollution demuestra que varias especies de delfines del Golfo de Cádiz y del Estrecho de Gibraltar acumulan en sus organismos contaminación por retardantes de llama, tanto los clásicos PBDE, actualmente prohibidos, como los nuevos retardantes de llama, los decloranos. 

Los retardantes de llama son compuestos usados ampliamente en la industria. Se añaden a todo tipo de productos, como ropa, aparatos electrónicos, mobiliario o tapicerías con el fin de reducir su inflamabilidad. Con el tiempo, se ha demostrado que son contaminantes muy persistentes en el medio ambiente, que se acumulan en los organismos y que pueden tener efectos nocivos sobre los organismos y las personas.  

El trabajo, que lidera el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC),  ha contado con la participación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua y de la Estación Biológica de Doñana (ambos del CSIC) y del grupo CIRCE (Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos).

Este proyecto, enmarcado en los subproyectos FLAME, ECOCET y Consolider SCARCE, ha contado con la colaboración de la Fundación Loro Parque, CEPSA y el Ministerio de Ciencia e Innovación. 

En el estudio, los investigadores demuestran que tres especies de cetáceos, delfín común, calderón común y delfín mular,  con diferentes áreas de distribución y costumbres de alimentación, acumulan y biomagnifican retardantes de llama. 

El estudio demuestra que los cetáceos que están en la parte más elevada de la cadena trófica (o cadena alimentaria), acumulan mayores niveles de estos contaminantes.  La investigadora del CSIC Ethel Eljarrat, coordinadora del estudio, explica: “la biomagnificación  supone que los niveles de contaminantes son mayores en los organismos que están en niveles más altos de la cadena trófica porque ingieren y acumulan en su organismo los contaminantes de sus presas. Nuestro trabajo demuestra que hay una relación directa entre mayores niveles tróficos y mayores concentraciones de retardantes de llama. Y lo más interesante es que la biomagnificación se da tanto para los clásicos y hoy prohibidos PBDE, como para sus sustitutos, los decloranos”. 

Los delfines analizados en este estudio ocupan posiciones diferentes en la cadena trófica. El  delfín mular, en la posición más elevada, es precisamente el que tiene mayores concentraciones de estos contaminantes. “En casi el 20% de las muestras analizadas, se encontraron valores mayores que los límites establecidos, por ejemplo, para focas, por encima de los cuales se observan efectos de disrupción endocrina, concretamente en la hormona tiroidea”, dice Renaud de Stephanis, co-autor del estudio. “Esto indica que estos contaminantes son un serio problema para animales que se encuentran en los niveles superiores de las cadenas tróficas, como es el caso de los delfines y de los humanos”. 

El estudio también demuestra que, pese a su prohibición en Europa en el año 2004, los antiguos retardantes de llama siguen estando presentes en el medio ambiente y que los alternativos, los decloranos, son igual de persistentes que los primeros. Además, aunque todavía no se conocen sus efectos toxicológicos, algunos estudios apuntan que los decloranos también podrían ser disruptores endocrinos y genotóxicos.

Enlaces:

https://flameproject.wordpress.com

http://www.scarceconsolider.es



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