Los residuos humanos afectan a la Antártida

Los contaminantes emergentes llegan a la Antártida a través del vertido de aguas residuales, la incineración de residuos y la generación dispersa de estos restos. “Las especiales condiciones climáticas del continente antártico, con fríos extremos la mayor parte del año, podrían retardar o dificultar los procesos de degradación microbiana y fotodegradación de este tipo de contaminantes, haciendo que la persistencia de los mismos en el medio acuático se vea incrementada y con ello la exposición de la cadena alimentaria a los mismos”, señala Luis Moreno, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

Sin embargo, aunque se sigue avanzando en la investigación sobre las consecuencias de la presencia de estos contaminantes, poco se sabe todavía sobre los efectos a medio-largo plazo, es decir, de la toxicidad subcrónica y crónica, que este tipo de sustancias podrían tener para los organismos acuáticos de la Antártida.

En un estudio, publicado en Environmental Research, se informa de la presencia de sustancias de origen humano con capacidad de alterar el sistema hormonal, en cantidades a veces similares a las encontradas en aguas continentales de otras partes del mundo. También se han encontrado sustancias químicas pertenecientes al grupo de los retardantes de llama organofosforados y alquilfenoles. Entre los metales pesados destacan las concentraciones de aluminio, metal que interfiere en la acción de diversas hormonas y en los sistemas neurológico y reproductivo.

Por otra parte, en otro trabajo recién publicado en la revista Environmental Pollution, se muestra la presencia de medicamentos y otras sustancias. De los 46 medicamentos buscados se han encontrado 12, siendo el grupo de anti-inflamatorios y analgésicos (acetaminofeno, diclofenaco e ibuprofeno) los que mayor concentración presentan.

"Entre las sustancias de uso recreativo, los niveles de cafeína son los más elevados, seguido por la efedrina, que se usa habitualmente con fines médicos”, explica Yolanda Valcárcel, coordinadora del estudio, profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud y directora del Grupo de Investigación y Docencia en Toxicología Ambiental y Evaluación de Riesgos (TAyER) de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

Los autores de estos trabajos recomiendan continuar investigando sobre la presencia de este tipo de sustancias en el medio antártico, establecer sistemas de vigilancia y muestreo continuado y trabajar en los protocolos de regulación y limitación o prohibición de uso de aquellas sustancias que sean detectadas en mayores concentraciones o de las cuales se tenga mayor evidencia de toxicidad.

“También sería necesario profundizar en caracterizar la sensibilidad toxicológica a estos contaminantes de las especies antárticas para determinar adecuadamente los riesgos”, matiza Valcárcel. Otra vía de trabajo que debiera potenciarse es la dinámica de degradación de estas substancias en condiciones de frio extremo, tal como se encuentran la mayor parte del año en la Antártida.



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