Más de dos millones de abejas murieron el mes pasado a causa de una intoxicación masiva

Los episodios de intoxicación masiva de abejas se han ido haciendo más frecuentes los últimos años en València y Murcia, donde la agricultura intensiva utiliza enormes cantidades de plaguicidas (insecticidas y herbicidas) para hacer más competitivos sus frutales y cítricos. “Un aumento de productos fitosanitarios y el empleo de variedades con una floración más temprana son un cóctel aniquilador para las abejas”, indica Carlos Zafra, veterinario de la Asociación de Apicultores de la Región de Murcia.

El problema lo estamos teniendo con los árboles frutales, sobre todo con el nectarino y el melocotonero, y con los cítricos. Se emplean variedades que empiezan la floración en enero, cuando las abejas empiezan a despertarse. Llegan a la flor muertas de hambre y mueren envenenadas”, explica Fernando Calatayud, técnico de la Agrupación de Defensa Sanitaria Apícola de València (Apiads), que reúne a 500 apicultores y 90.000 colmenas.

El veterinario Carlos Zafra destaca, además, que muchos de estos insecticidas están autorizados y son tóxicos tanto para las abejas y otros insectos. “No olvidemos que los insecticidas han sido diseñados para matar y las abeja son insectos”, añade, antes de admitir que se están prohibiendo algunos de los productos fitosanitarias más peligrosos.

El 9,2% de todas las especies de abejas silvestres en Europa están amenazadas de extinción, según una evaluación de la UICN de marzo del 2015, con información de 1.965 especies de abejas de toda Europa. El 7,7% de las poblaciones están en declive, el 12,6% están estables y el 0,7% están incrementándose (aunque la tendencia para el 79% de las especies de abejas es desconocida).

Los informes de Apiads concluyen que el 30% de las abejas que han aparecido muertas contenían neonicotinoides, un insecticida que actúa en el sistema central de los insectos. Tres de estos insecticidas fueron parcialmente prohibidos por la UE en diciembre del 2013. Los insectos ven atacado su sistema nervioso, pierden la orientación, no pueden regresar a las colmenas y sufren parálisis e incluso la muerte.

La manera más habitual de la intoxicación aguda de las abejas es a partir de fumigaciones. Los insecticidas pulverizados en las hojas dejan residuos tóxicos en el néctar y en el polen de las flores, donde liban las abejas. En otras ocasiones, en el caso de las semillas tratadas, el insecticida que las recubre va siendo absorbido por el sistema vascular de la planta y, a medida que esta crece, alcanza las hojas y contamina también las flores donde se depositará la abeja. Además, también se generan polvos tóxicos en la siembra que pueden contaminar la flora silvestre atractiva para las abejas.



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