Por primera vez en la historia de la aviación, un avión ha logrado mantener un vuelo prolongado con un piloto a bordo, impulsado exclusivamente con hidrógeno.

El vuelo tuvo lugar el día 8 de marzo, pero hasta ayer la compañía aeronáutica Boeing no divulgó el acontecimiento mundial, que ha tenido lugar en el aeródromo de la localidad toledana de Ocaña.

Un equipo de ingenieros del departamento de investigación de Boeing, dirigidos por la española Nieves Lapeña han desarrollado el prototipo de aeronave con la ayuda de una docena de empresas de Alemania, Austria, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España.

El hito aeronáutico se ha logrado partir de la estructura de un motovelero biplaza Dimona, con una envergadura de 16,3 metros, de la compañía Diamond Aircraft Industries de Austria.

El equipo de ingenieros de Boeing sustituyeron el motor de combustible convencional por uno eléctrico de 40 kilovatios de potencia, alimentado por una batería de ion litio y por la electricidad generada por una pila de combustible alimentada por gas hidrógeno.

La pila de combustible es un dispositivo electroquímico que transforma el hidrógeno en electricidad y calor, sin producir dióxido de carbono (CO2) y que emite como residuo vapor de agua. El hidrógeno se transforma en electricidad en la pila de combustible mediante un proceso químico conocido como hidrólisis inversa.

El director de Programas e Ingeniería de Boeing Research and Technology Europe, José Enrique Román, señaló que lo importante es que "se ha podido demostrar que es posible realizar un vuelo tripulado sostenido con una pila de combustible&quot y que por otro lado &quotsirve como experiencia para desarrollar nuevos sistemas para plataformas aeronáuticas o aeroespaciales&quot.

Durante los cuatro vuelos efectuados entre febrero y marzo, el piloto del avión, el español Cecilio Barberán consiguió despegar y elevar el aparato hasta una altitud de 1.000 metros sobre el nivel del mar, y una vez en la altura deseada mantener un vuelo de 20 minutos a unos 100 kilómetros por hora, hasta que agotó el kilo de hidrógeno de su tanque de, que se mantenía a 370 atmósferas de presión.

Veinte minutos en el aire

La fase del despegue y ascenso, el avión utilizó la energía eléctrica de la batería convencional y la pila de combustible. Ya lograda la altitud deseada, el piloto desconecto la batería y el vuelo continuó los 20 minutos exclusivamente con el hidrógeno como combustible.

Para la fase de despegue y ascenso se necesitó 35 kilovatios, mientras que en la fase de crucero la energía necesaria fue de 17 kilovatios.

&quotEs muy agradable y preciso&quot, declaró a EL MUNDO Cecilio Barberán. El piloto destacó como ventajas del aparato la ausencia de ruido y la potencia uniforme de su sistema eléctrico. &quotNo he pasado miedo. Era un proyecto con todas las garantías de seguridad y ahora me siento orgulloso del éxito obtenido&quot, añadió el tripulante.

John Tracy, director Tecnológico de Boeing, declaró que se había elegido a España para llevar a cabo este pionero proyecto, porque nuestro país &quotofrece las mejores tecnologías ambientales del momento&quot.

El gigante de la aeronáutica Boeing descarta por el momento que los aviones comerciales civiles sean impulsados por hidrógeno. Sin embargo la tecnología del hidrógeno sí podría ser eficaz para pequeñas aeronaves.

No obstante, Boeing seguirá investigando en la tecnología mencionada, porque en ella ve aplicaciones para la aviación civil, a la hora de contar con grupos electrógenos autónomos del avión comercial para hacer funcionar otros aparatos de la aeronave.



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