La isla brasileña llena de víboras que nunca podrás visitar

Se trata de la víbora de lanza dorada (Bothrops insularis), que es endémica de la isla de Queimada Grande, también conocida como Isla de las Cobras, una porción de tierra de 430.000 metros cuadrados que se desprendió del continente hace ya once mil años.

Desde entonces las serpientes han reinado en el enclave, donde se calcula que hay entre 2.000 y 4.000 ejemplares. La falta de mamíferos en la isla obligó a estos reptiles a aprender a trepar por los árboles para alcanzar las aves migratorias que aquí toman reposo.

Inicialmente las aves escapaban de las serpientes que las mordían, pero estas fueron desarrollando un veneno cada vez más letal a fin de hacerse más fácilmente con sus presas. De hecho, el veneno actual es cinco veces más fuerte que el de otros vipéridos, una de las familias de serpientes más venenosas.

La substancia que secreta esta especie es capaz de derretir la carne humana casi al instante, provoca la necrosis de los tejidos afectados, insuficiencia renal y hemorragias cerebrales e intestinales. Las proteínas que lo integran se usan para fabricar medicamentos para la hipertensión, algunas enfermedades coronarias y coágulos de sangre, lo que denota su especial potencial.

Por ello viajar a este paraíso de clima y paisajes puede convertirse en una pesadilla plagada de estas víboras, cuya familia es la causante del 90% de las muertes por picadura de serpiente en Brasil.

Además, pese a que estas víboras no consiguen ver del todo bien, poseen la "foseta loreal", un orificio a cada lado de la cabeza entre el ojo y el orificio nasal, muy sensible a las variaciones de temperatura, que les sirve para detectar las presas de sangre caliente que hay a su alrededor.



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