La idea vino del Dr. John Cook Bennett, el presidente del departamento médico de la Universidad de Willoughby en Ohio. Pensó que los tomates podrían curar enfermedades como la diarrea, la ictericia y la indigestión.

Incluso convirtió la ketchup en píldoras, lo que lo hizo parecer aún más legalizado.

Una vez que las píldoras del Dr. Bennet llegaron al mercado, los impostores comenzaron a vender sus propias píldoras a base de tomate, quienes vendían laxantes sin ningún rastro de tomates. Además afirmaban que sus píldoras podían cualquier enfermedad.

Debido a esas afirmaciones falsas, el imperio de la medicina ketchup colapsó en 1850.



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