¿Qué países emiten más CO2?

 

El dirigente alentó a los países a redoblar sus esfuerzos contra el calentamiento del planeta, y planteó el problema como una lucha a vida o muerte por la supervivencia de la Tierra y sus habitantes. A la vista de los hechos acertó: cada día mueren árboles y plantas, los glaciares se derriten, las costas merman, aves y peces desaparecen, las tierras se vuelven eriales y se extinguen especies de insectos que no volverán.

El enfriamiento de la Tierra pasa por atajar las emisiones de dióxido de carbono, un gas que proviene principalmente del uso de combustibles fósiles como el carbón o el petróleo. El CO2 es además el mayoritario de los llamados de efecto invernadero, aquellos que provocan el calentamiento del planeta al impedir que escapen las radiaciones infrarrojas que se producen de manera natural. La cantidad de gas que el mundo expulsa a la atmósfera no ha dejado de crecer: desde 1960 se ha multiplicado prácticamente por cuatro y desde 2005, año de entrada en vigor del protocolo de Kioto, se ha incrementado un 22%.

China, Estados Unidos, Rusia, India y Japón encabezan, en ese orden, la clasificación de emisiones absolutas de los últimos cinco años. Representan además alrededor del 57% de las 36 gigatoneladas generadas en 2016 en el mundo. Excepto Estados Unidos, las otras cuatro potencias están entre las 197 naciones que suscribieron en 2015 el histórico Acuerdo de París.

El pacto compromete a los países desarrollados y no desarrollados a presentar propuestas para paliar el fenómeno. También limita el calentamiento planetario: de aquí a fin de siglo, la temperatura no debe aumentar más de dos grados centígrados respecto a la época preindustrial. Según el consenso científico, de cumplirse este baremo se podría evitar el desastre climático.

España, firmante del pacto de París, ocupa el vigesimocuarto lugar en la clasificación mundial de emisores. En los últimos once años, el dióxido de carbono emitido ha caído un 26%, según el último balance publicado por el Gobierno. Gran parte de la reducción se sustenta en el impulso a las energías renovables vivido desde 2005.

El balance para 2017, sin embargo, no se perfila halagüeño. La escasez de lluvias y los bajos niveles de agua embalsada han redundado en un aumento del uso del carbón y, en consecuencia, de los niveles de CO2. El clima, en el caso particular de España, es un marcador habitual de la tendencia de las emisiones.

Con objeto de lograr una economía baja en carbono, la Comisión Europea ha establecido distintos tramos de reducción de emisiones para los próximos años: un 40% menos en 2030, un 60% menos en 2040 y un 80% menos en 2050, siempre en relación a los niveles de 1990.



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