On August 31, 2012 a long filament of solar material that had been hovering in the sun's atmosphere, the corona, erupted out into space at 4:36 p.m. EDT. The coronal mass ejection, or CME, traveled at over 900 miles per second. The CME did not travel directly toward Earth, but did connect with Earth's magnetic environment, or magnetosphere, causing aurora to appear on the night of Monday, September 3. Picuted here is a lighten blended version of the 304 and 171 angstrom wavelengths. Cropped Credit: NASA/GSFC/SDO NASA image use policy. NASA Goddard Space Flight Center enables NASA’s mission through four scientific endeavors: Earth Science, Heliophysics, Solar System Exploration, and Astrophysics. Goddard plays a leading role in NASA’s accomplishments by contributing compelling scientific knowledge to advance the Agency’s mission. Follow us on Twitter Like us on Facebook Find us on Instagram

La ciencia española viajará al Sol en 2020 y, como dice el famoso chiste, lo hará “por el día”. La nave Solar Orbiter viajará durante tres años y tras aprovechar la asistencia gravitatoria de Venus y la Tierra se situará en una órbita de 168 días alrededor de la estrella a solo 42 millones de kilómetros, una distancia equivalente a 60 radios solares y que solo será superada por la sonda Parker de la NASA. En este lugar, dentro del perímetro del planeta Mercurio, la radiación que tendrá soportar será 13 veces más intensa que la de la Tierra y la temperatura subirá por encima de los 500°C, por lo que todos los equipos deben estar especialmente protegidos.

Solar Orbiter no solo es una de las misiones que más se van a acercar al Sol, su órbita también es especial por otras razones, destaca José Carlos de Toro, coordinador de la contribución española al instrumento SO/PHI y gestor del Plan Estatal de Espacio. “Por un lado, desde un punto de vista estricto, todos las misiones anteriores eran satélites, pero Solar Orbiter es un nuevo planeta, dado que va a orbitar el Sol”, apunta. 

“Y por otro lado, nos salimos de la eclíptica para poder observar por primera vez los polos del Sol con una perspectiva que no tenemos desde la Tierra, lo que nos dará una visión singular”. Solar Orbiter será también “la primera misión que considera al Sol y la Heliosfera como un único sistema”, un sistema en el que vivimos inmersos y de cuyo equilibrio depende nuestro planeta y la mayor parte de las fuentes de energía que utilizamos.

Con sus múltiples instrumentos de medición, la misión de la ESA tendrá entre sus principales objetivos conocer qué gobierna el viento solar y cómo se origina su campo magnético, o establecer vínculos entre la superficie y las capas superiores del Sol, algo que sigue siendo un misterio. Y sobre todo, intentará responder a una de las cuestiones más interesantes: cómo funciona la dinamo del interior del Sol y cómo influye en los demás fenómenos que desembocan en las tormentas solares. Para conseguirlo, España ha contribuido de forma notable al desarrollo de dos de sus instrumentos más importantes, el coronógrafo METIS yel creador de imágenes SO/PHI, que es el único de la nave que puede contestar a la pregunta de qué sucede en la dinamo solar. Gracias a él, insiste De Toro, “vamos a poder sondar el interior del Sol”.

Cómo mirar dentro del Sol

Para comprender bien cuál es la misión de Solar Orbiter hay que imaginársela una vez en su destino, situada en las proximidades del Sol y con su escudo térmico situado frente a la estrella a modo de paraguas protector. Como si fuera el puesto de un observador de aves que quiere hacer fotografías sin ser visto, la nave se esconde tras este escudo calorífugo en el que hay una serie de aperturas que dejan entrar la luz a los diversos instrumentos ópticos. 

Además del coronógrafo METIS, que tapa el disco solar para no deslumbrar al instrumento y observar su corona, la sonda cuenta con el instrumento SO/PHI, que consta dedos telescopios, uno para el detalle y otro para conocer el contexto general que sirva para interpretar el resto de observaciones. El primero es un telescopio de alta resolución desarrollado por el Instituto Max Planck, que permitirá observar los detalles de la corona y las granulaciones de la superficie solar. El segundo es el telescopio desarrollado por el INTA que permite ver todo el disco solar completo para obtener datos sobre la polarización del Sol y su espectro con los que los científicos obtendrán información muy valiosa sobre el comportamiento de su campo magnético.

“Lo importante está es el conjunto de instrumentos, dedicados para estudios muy diferentes que van desde la corona o la fotosfera, que permitirán medir el número de partículas que van a llegar a la Tierra y observar además lo que sucede en los polos, lo que hace única la misión”, resume Alberto Álvarez, investigador principal en INTA, cuyo equipo ha hecho las principales aportaciones a los instrumentos ópticos del orbitador. “El telescopio de alta resolución ofrecerá imágenes que parecerán las de un microscopio sobre el Sol”, explica Álvarez a Next. “Se ven unas burbujas que se parecen mucho al interior de una cazuela que está cociendo, con corrientes convectivas que suben y bajan”. El otro telescopio, en cambio, ofrecerá imágenes del disco solar completo de las que se podrá analizar la actividad magnética del Sol.