Negar el cambio climático a estas alturas no tiene cabida en una discusión racional. Los niveles atmosféricos de gases de efecto invernadero que atrapan el calor han aumentado debido a las actividades humanas y los impactos del aumento de la temperatura no están esperando en un futuro lejano, sino que están apareciendo en este momento y continuarán en el corto plazo. En nuestros días se ha hecho evidente el surgimiento de una gran cantidad de eventos extremos.

El planeta se está calentando desde el Polo Norte hasta el Polo Sur. La temperatura promedio global aumentó aproximadamente en 1°C durante el siglo pasado.

El nivel del mar ha aumentado en más de 15 centímetros, los glaciares se están derritiendo en todo el mundo, las principales capas de hielo en Groenlandia y la Antártida se están desgastando y todo indica que muy pronto el Pasaje Noroeste del mundo se abrirá de forma permanente.

Se espera que ocurran más sequías y olas de calor extremo -como ejemplo, casi 157 millones más de personas estuvieron expuestas a eventos de olas de calor en 2017, en comparación con 2000-, los huracanes se harán más fuertes y más intensos, se están observando cambios en los patrones de precipitación y distorsiones en el patrón de migración de los animales, entre los que destacan algunas mariposas, zorros y plantas alpinas, que han migrado hacia el norte o hacia áreas más altas y más frías.

En la mayoría de los hábitats terrestres principales, desde las sabanas de África hasta los bosques tropicales de América del Sur, la abundancia promedio de plantas y animales nativos ha disminuido en un 20 por ciento o más, principalmente durante el siglo pasado.

Población humana

Con la población humana superando los 7 mil millones, actividades como la agricultura, la tala, la caza furtiva, la pesca y la minería están alterando el mundo natural a un ritmo sin precedentes en la historia humana.

Y claro, a esto se añade la amenaza del calentamiento global, que se ha convertido en el principal factor tras el deterioro de la vida silvestre, pues está modificando los climas locales en los que muchos mamíferos, aves, insectos, peces y plantas evolucionaron para sobrevivir.

En combinación con otras formas en que los humanos están dañando el medio ambiente, el cambio climático está impulsando a un número creciente de especies más cerca de la extinción.

Y no olvidemos que el efecto de las migraciones también incluye a los seres humanos: los últimos estudios no solo han demostrado que el cambio climático afecta el desplazamiento de grandes masas humanas, sino que también es un motor para los conflictos sociales.

Las temperaturas globales en 2018 se encuentran entre las cuatro más cálidas que se han registrado, las que se añaden a las mediciones de los últimos cuatro años para conformar el lustro más caluroso desde que comenzaron las mediciones modernas.

Dieciocho de los diecinueve años más cálidos desde que se inició este registro se han producido desde 2001. Puesto de otra forma, los niños que se están graduando de la escuela solo han conocido un mundo de temperaturas récord.

¿Cómo sabemos que el cambio climático que estamos sufriendo es de origen antrópico?

Es cierto que son varios los factores los que afectan tanto la cantidad de energía solar que llega a la superficie de la Tierra como la cantidad de energía que se absorbe.

Entre ellos se cuentan los gases de efecto invernadero, las partículas presentes en la atmósfera (como las que provienen de erupciones volcánicas, algunas de las cuales hemos presenciado durante los últimos años en distintos países), y cambios en la energía proveniente del Sol.

Los científicos usan modelos que toman en cuenta dichos factores y han encontrado que los cambios en la radiación solar y las partículas volcánicas han contribuido con apenas el dos por ciento del efecto del calentamiento de los últimos 250 años.

Las erupciones volcánicas de hecho emiten partículas que enfrían temporalmente la superficie de la Tierra, pero que tienen un efecto que llega a ser de unos pocos años. Por otro lado, los tipos de fluctuaciones de la temperatura global que han contribuido a las edades de hielo ocurren en ciclos de cientos de miles de años.

Acción humana

Es decir, la evidencia científica es clara en señalar que los gases de efecto invernadero y otros factores causados ​​por el hombre, como los cambios en el uso de la tierra, son responsables del cambio climático. Y en conjunto, la evidencia publicada indica que los costos netos de los daños del cambio climático probablemente sean significativos y aumenten con el tiempo.

Así, si el planeta se calienta en 2°C -el límite de temperatura ampliamente promocionado en el acuerdo del clima de París de 2015-, el doble de personas enfrentará escasez de agua que si el calentamiento se limitara a solo 1,5°C.

Ese aumento de temperatura adicional también expondría a más de 1.500 millones de personas a extremos de calor mortal y a cientos de millones de personas a enfermedades transmitidas por vectores -como la malaria-, entre otros daños.

Se acaba el tiempo contra el cambio climático

Ante este escenario, los tomadores de decisiones en políticas públicas tienen menos tiempo para responder a los desafíos y a la urgencia que impone el cambio climático. Por un lado, es evidente que el mundo debe reducir las emisiones. Pero por otro, estamos en un momento en el que no se pueden obviar las necesarias medidas de mitigación a mediano y corto plazo.

Entre ellas se encuentran planes de inversión en infraestructura que protejan los hogares contra incendios y que ayuden a las personas a manejar el estrés por calor, y preparar a las zonas costeras para eventos de inundación.

¿Seremos capaces de tomar con seriedad el riesgo que significa el calentamiento global para la vida en el planeta? Cuando vemos a líderes políticos hacer literalmente una “oda” al derretimiento del Ártico por las oportunidades económicas que ello trae consigo, el futuro se ve sombrío.

Sin embargo, crecientemente el mundo ha visto el surgimiento de una ciudadanía más empoderada que exige cambios sustantivos relacionados con nuestro comportamiento y medidas concretas a sus autoridades -incluidos niños que muestran mayor preocupación que los adultos, tal como nos ha mostrado Greta Thunberg-, lo que si es una luz de esperanza ante la mayor amenaza que enfrentamos como humanidad.

Al final, lo que ocurra depende de lo que cada uno de nosotros haga en su vida. Recordemos que, como siempre ha sido, el resultado agregado no es más que la suma de una serie de decisiones individuales.

Reseña “La forma en que vivimos”

Un libro ambicioso, informativo y de gran alcance que entrega una visión crítica y excelentemente documentada acerca de la relación del ser humano con la naturaleza, que cubre el pasado y el presente de las sociedades y que reflexiona sobre algunos de los potenciales impactos futuros de las actividades antrópicas. Todos temas trascendentales para la supervivencia de la vida en el planeta tal como la conocemos.

Fuente: Fernando Acosta / Extracto del libro “La forma en que vivimos”,

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