Hasta el 4 de septiembre se reúnen en Bonn (Alemania ) los negociadores de los países para ultimar los detalles de un acuerdo de mitigación de emisiones a largo plazo que debería ser aprobado en la cumbre del clima de París del próximo diciembre. 

Es necesario alcanzar un texto que no se quede solo en un acuerdo vinculante de todas las partes, sino que implique reducir el calentamiento global a menos de 1,5ºC y apueste fuertemente por la adaptación, con mecanismos de control y con base en principios de equidad.

Tras el fracaso que supuso la cumbre de Copenhague en 2009, que fue incapaz de lograr un acuerdo para un nuevo protocolo que sustituya al de Kioto, se fijó en Durban (2011) una hoja de ruta que culminará en 2015 con un acuerdo global en el que se establecerá un horizonte de reducción de las emisiones capaz de frenar el calentamiento global a menos de 2ºC. 

Así se inicia el trabajo periódico de la plataforma Durban que elabora un texto que será discutido y aprobado por todos los países el próximo mes de diciembre en París.

Tras la última sesión de negociación en junio, se elaboró un nuevo texto que ha sido dividido en tres secciones, así, en la sección I aparecen los puntos a largo plazo y vinculantes sobre los que existe un cierto acuerdo y que constituyen el núcleo del futuro acuerdo de París, en la sección II contiene las disposiciones concretas de implementación de las medidas que deberán ser discutidas dentro de la cumbre de París y en la última sección aquellos puntos donde no existe acuerdo, sobre los que durante estos días se negocia su inclusión en las secciones anteriores. Del mismo modo el lenguaje usado para definir y fijar las posiciones y ciertas partes del acuerdo es muy importantes para determinar cómo será el clima en un futuro próximo.

La falta de presencia de ministros dentro de las negociaciones de esta semana complica un acuerdo que puede ser que sea retrasado a siguientes reuniones en las que estén presenten. Aún así, las posiciones de muchos países en la defensa de sus intereses particulares ha creado una gran amplitud de enmiendas que hacen que este texto sea difícil de consensuar y suponen un evidente bloqueo. 

Es necesario reducir considerablemente las opciones eliminando aquellas que desde las recomendaciones científicas sean incapaces de lograr como mínimo el objetivo de los 2ºC pactado o que no contemplen la necesidad de promover la cooperación entre países con distintos niveles de desarrollo en términos de ayudas a la adaptación, transferencia de tecnología y construcción de capacidades.

Este texto debe recoger además una financiación exclusivamente pública de un fondo de adaptación y pérdidas y daños ocasionados por el cambio climático que se producirán en las próximas décadas y siglos, aumentando la cuantía del mismo y obligando a la movilización inmediata de esos fondos. Del mismo modo, los compromisos nacionales de reducción a 2030 no deben ser dejados a la voluntad de los países, sino que es necesario que el acuerdo tenga un mecanismo estricto de monitoreo y verificación, evaluables al menos cada 5 años, de forma que cada vez la ambición de reducción de emisiones aumente.

De la cumbre de París debe salir un acuerdo internacional que garantice un 2050 con prácticamente 0 emisiones de gases de efecto invernadero, ya que tal y como reconoce la comunidad científica no podemos permitirnos un fracaso más pues las señales de colapso ambiental son cada vez más evidentes y nos acercamos cada día más a un punto de no retorno que pone en peligro la supervivencia planetaria.



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