Los descubrimientos muestran que, si se confirma este deterioro sin precedentes, el Ártico podría contar en breve con mucha menos protección contra los rayos ultravioletas del sol.

El estudio recibió fondos del proyecto RECONCILE ("Reconciliación de parámetros de procesamiento esenciales para una mayor capacidad de predicción de la pérdida de ozono estratosférico ártico y sus interacciones con el clima"), financiado con 3,5 millones de euros mediante el área temática "Medio ambiente" del Séptimo Programa Marco (7PM) de la Unión Europea.

Coordinado por la Unidad de Investigación de Potsdam del Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina de la Asociación Helmholtz (AWI, Alemania), el proyecto contó con la participación de dieciséis instituciones de investigación de ocho Estados miembros y más de treinta estaciones de sondeo de ozono situadas en toda la zona ártica y subártica. El objetivo general es el de comprender los detalles que aún no han quedado claros en torno a la compleja relación que existe entre la capa de ozono y el cambio climático. Aún son muchos los aspectos relacionados con la reducción de la capa de ozono que precisan aclaración, como por ejemplo cómo se mezcla y transporta a altitudes elevadas el aire procesado.

El Dr. Markus Rex, investigador del AWI, comentó: "Nuestras mediciones muestran que durante las últimas semanas y en las altitudes que nos interesan se ha destruido cerca de la mitad del ozono sobre el Ártico. Calculamos que este descenso no se detendrá puesto que las condiciones que han provocado esta reducción rápida del ozono persistirán".

La reducción de la capa de ozono se produce por la descomposición de clorofluorocarbonos (CFCs) antropogénicos en sustancias nocivas y destructoras de ozono cuando las condiciones ambientales son de frío extremo.

La relación entre la pérdida de ozono y el cambio climático está clara desde hace tiempo y en ningún sitio es tan evidente como en el Ártico, donde los inviernos siguen alcanzando temperaturas extremas, lo que provoca pérdidas aún mayores de ozono.

Al aumentar la concentración de gases de efecto invernadero, las capas más bajas de la atmósfera conservan la radiación térmica terrestre y se calientan. De este modo llega menos radiación a la estratosfera, lo que a su vez intensifica el enfriamiento y agrava la pérdida de ozono.

No sólo en el Ártico

No obstante, estos cambios no afectan sólo a la zona del Ártico. Las masas de aire expuestas a la pérdida de ozono sobre el Ártico pueden desplazarse hacia el sur, de forma que la capa de ozono, más delgada, ofrece una protección menor contra los rayos ultravioletas también en las latitudes medias. Por ello estos investigadores alertan a Europa de la importancia de protegerse contra los rayos ultravioletas cuando se expongan al sol esta primavera.

Como nota positiva se puede reseñar que durante la segunda mitad de este siglo no se seguirá destruyendo ozono en grandes cantidades gracias al Protocolo de Montreal, un tratado internacional adoptado en 1987 que prohibió en todo el mundo la producción de CFC con el fin de proteger la capa de ozono. No obstante, los CFC emitidos durante las décadas anteriores no desaparecerán de la atmósfera en muchos decenios.

Esto implica que la capa de ozono se recuperará a largo plazo gracias a las medidas políticas medioambientales adoptadas. Hasta entonces, su destino en el Ártico depende de la temperatura de la misma a una altitud cercana a los veinte kilómetros y por lo tanto queda muy ligado al clima de la Tierra.

El proyecto emplea un método exhaustivo que incluye experimentos en el laboratorio y sobre el terreno, además de trabajos de modelización de procesos microfísicos y del transporte de sustancias químicas.



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