¿Qué repercusión tiene la entrada en vigor del Acuerdo de París en España?

El Acuerdo de París tiene como objetivo fundamental “mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales”. ¿Por qué por debajo de dos grados? Según los científicos que estudian el calentamiento global y las transformaciones asociadas a él, la barrera de los dos grados es la única que puede lograr que las consecuencias del cambio climático no sean absolutamente desastrosas e irreparables.

El Acuerdo es jurídicamente vinculante, pero deja en manos de los países firmantes la elaboración de planes específicos para lograr la reducción de los gases de efecto invernadero y el objetivo de frenar el aumento de la temperatura global. Ése es precisamente uno de los aspectos más criticados del Acuerdo, puesto que no se articula ningún mecanismo para que cada país cumpla esos planes y ponga todos los medios a su alcance para trabajar por el objetivo final de emisiones cero. Se renunció a las sanciones para que China y Estados Unidos estuviesen en el acuerdo, después de años de negociaciones.

Todos los firmantes del Acuerdo deben presentar sus planes. Esto es una diferencia capital con respecto al fracasado Protocolo de Kioto, según el cual sólo los países desarrollados estaban obligados a llevar a cabo las reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La fecha límite para el comienzo de los planes de reducción es 2020 y la contribución de cada uno de los países firmantes se revisará cada cinco días. Se deja abierta la posibilidad de revisar los objetivos, al alza o a la baja, en función de los resultados.

Casi todos los expertos consideran que no será suficiente. Dejando a un lado la circunstancia ya señalada de que los países no estarán obligados a cumplir las medidas adoptadas, ni siquiera aunque se implementaran todos los compromisos pactados sería posible alcanzar el objetivo de que el calentamiento fuese inferior a 2 grados. Según las previsiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el planeta experimentará un incremento de temperatura de entre 2,9 y 3,4 grados centígrados.

El propio Acuerdo de París reconoce que las medidas contempladas no serán suficientes: para 2030, la previsión de emisión de gases de efecto invernadero supera en varias gigatoneladas la cifra que debería lograrse: 56,2 frente a 40. Por eso, en uno de los anexos del acuerdo, los firmantes del pacto se han comprometido a revisar progresivamente al alza sus programas de reducción.

Aunque la fecha de entrada en vigor de los planes nacionales es 2020, el Acuerdo de París tiene por delante momentos muy importantes antes de esa fecha. En 2018, de hecho, deben haber quedado establecidos los sistemas de monitorización y transparencia que permitirán hacer un seguimiento claro de los objetivos del acuerdo. Eso significa que los países tendrán que comprometerse a publicar y compartir los datos reales sobre su aportación anual a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.