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En vísperas de la llegada del verano, la fotografía que muestran los embalses españoles se asemeja cada vez más a las sequías de antaño. Aunque los datos no apuntan todavía a una carencia de agua tan grave como la acontecida a principios de los noventa -ciudades como Sevilla se vieron obligadas a cortar el suministro durante más de diez horas al día-, los niveles de agua embalsada a nivel nacional se encuentran por debajo del umbral del 50% de su capacidad total.

La cuantía acumulada en los embalses españoles es un 20% inferior a la de hace una década, un déficit hídrico cercano a los 12.000 hectómetros cúbicos que se ha agudizado este 2022. La mitad de este ‘vaciado’ se ha consumado a lo largo del presente año; el total de agua existente en los pantanos españoles ha caído un 10% respecto a 2021.

Estado de los embalses españoles

Durante las estaciones húmedas sólo llovió un 75% de lo que debería haber llovido. Es decir, a los caudales nacionales les falta uno de cada cuatro litros que, por norma general, sí fluyen por sus cauces en esta época del año. En este sentido, los modelos de predicción son claros: con el agua que tenemos ahora debemos aguantar, como mínimo, hasta el mes de noviembre, momento en el que la masa hídrica embalsada comenzará a remontar. Un total de 22 semanas en las que España podría situarse por debajo de la barrera de los 20.000 hectómetros cúbicos de agua embalsada a nivel nacional.

La situación es especialmente crítica en las masas de agua gestionadas por las confederaciones hidrográficas de la mitad sur peninsular. Los embalses de las cuencas del Guadiana (30,26%), Guadalquivir (30%)Guadalete-Barbate (33,92%) marcan registros que ofrecen diferencias notables respecto a los valores medios que ostentaban a comienzos de la década anterior.

Hace diez años, todos ellos contaban con un porcentaje de llenado superior al doble de los valores que presentan en la actualidad. En concreto, la Cuenca del Guadiana estaba al 61,35%, la de Guadalquivir marcaba un 65,79% y los del Guadalete-Barbate rozaban el 70% (68,3%). Del suministro de agua de las citadas cuencas dependen 6,4 millones de ciudadanos, el 13% de la población española.

Para Eduardo Martín, secretario de Asaja en Sevilla, la falta de agua se ha convertido en «un problema estructural», dado que Andalucía encadena más de un lustro con un «importante» déficit pluviométrico. «El primer efecto es claro: el daño en los cultivos está siendo muy importante, los cereales han perdido un 25% de rendimiento durante la campaña de recogida», sostiene. Desde la sequía del año 1995, los embalses andaluces no caían a los niveles que muestran hoy en día.

Ganadería y regadío

Otro de los sectores que se han visto más afectados es el ganadero. Martín apunta que «se ha producido una tormenta perfecta» en la que «el aumento de los costes de producción» ha aunado fuerzas con la sequía, lo que en algunos casos incrementa los gastos en más de un 30%. «Los animales tienen que comer y beber todos los días», resume. «Esta situación está asfixiando al sector y lo ha metido en pérdidas; no hay que ser economista para entender que la rentabilidad se ha ido al garete», subraya.

Las restricciones al regadío en la cuenca del Guadalquivir, «la más importante en Andalucía», se materializarán por cuarto año consecutivo. En 2019 la reducción fue del 15%, en 2020 del 20% y, para este 2022, los agricultores andaluces sólo podrán hacer uso del 33% del total de agua destinada a esta función. «El sector del arroz en Sevilla, el del tomate de industria y la industria del algodón se van a ver muy afectados», mantiene el secretario de Asaja Sevilla.

Los embalses ubicados sobre el curso del Tajo (47,3%) y del Duero (55,4%) también se encuentran en niveles cercanos a la mitad de su capacidad. Ambas cuencas abastecen a más de nueve millones de personas. Los pantanos del Tajo han perdido en los últimos 10 años un 16% de su capacidad. Además, este mes de mayo, se recogieron 9,2 metros cuadrados de precipitación media, según aseguran desde la propia Confederación. En términos porcentuales, la caída es aún mayor sobre las aguas del Duero. Sólo en 2021, presenta un déficit de 1.600 hectómetros cúbicos, lo que supone una disminución del 22% de su cabida total.

Un verano muy cálido que no favorece a los embalses

Esta tesitura no presenta visos de mejora. El verano que comienza este mes de junio tiene un 70% de probabilidades de situarse entre uno de los 10 más cálidos desde 1981, según anuncian las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Además, este no sólo será caluroso, sino que también se prevé falto de lluvias. La Aemet estima que la probabilidad de que este periodo estival se encuentre entre uno de los más secos de los últimos cuarenta años es del 60%. «Durante el episodio de calor que vivimos este mes de mayo, hemos registrado temperaturas que no observábamos desde los años 50», asegura Rubén del Campo, meteorólogo y portavoz de Aemet.

Que los embalses estén ‘vacíos’ no es casualidad. Los veranos cada vez duran más; en concreto, diez días más por década. Así, los de 1981 eran 40 días más cortos que en la actualidad. Además, no sólo se adelantan, sino que también traen consigo fenómenos climáticos extremos de forma más prematura. «Si después de estudiar el frente que ha entrado la pasada semana en España la consideramos una ola de calor, será la más prematura de la historia en nuestro país», explica del Campo.

Un 30% menos de agua en el norte

Las Confederaciones Hidrográficas de Asturias y Galicia afrontan uno de los veranos con menor cantidad de agua embalsada en los últimos años. La cuenca del Cantábrico Occidental (64,48%) cuenta con un 26% menos de reservas que hace diez años (90,7%) y un 20% menos que en 2021 (84,36%).

De los embalses de la Demarcación Occidental, sólo los de Alsa-Torina, Tanes-Rioseco y Arbon proporcionan uso de abastecimiento a poblaciones. Sus porcentajes de llenado alcanzan respectivamente el 95,06%, el 97,06 y el 93,47% de su capacidad. La merma se produce debido a las bajas precipitaciones acumuladas este 2022, que sitúan el embalse de Doiras, de uso exclusivamente hidroeléctrico, al 47,61% de capacidad.

Por su parte, las dos regiones hidrológicas que han de garantizar el suministro de Galicia también han caído. La de Galicia-Costa está al 68,27%, un 15% menos que hace diez años, mientras que los niveles de su cuenca vecina, la del Miño-Sil, muestran una caída, incluso, más pronunciada, con un 25% menos de agua de la que tenían en 2012.

La cuenca interna de Cataluña es otra de las que más variaciones presenta. Si hace un año en estas mismas fechas se situaba por encima del 90% de llenado, hoy se encuentra al 57%. El total de agua embalsada en la comunidad podría caer por debajo de los 1.000 hectómetros cúbicos, de acuerdo con los modelos, una vez termine el verano.

Fuente: DIEGO G. CAMPORRO / EL MUNDO

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/medio-ambiente/2022/06/21/62a218d521efa0f34e8b45bf.html



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