Un otoño dramático para la vida del Ártico

Este otoño, el imparable deshielo del Ártico provocado por el cambio climático ha alcanzado unos niveles sin precedentes. La temperatura en algunas áreas ha estado 20 grados por encima de lo normal, y en algunas zonas, el hielo marino está retrocediendo en vez de crecer como debería hacer después del verano. Además de los efectos catastróficos que puede suponer en todo el planeta, pues el Ártico juega un papel fundamental en la regulación del clima global, es una situación crítica para todas las especies que se han adaptado a la vida en ese entorno tan bello y hostil.

Una de esas especies es el oso polar, que pasa tanto tiempo en la superficie helada del Océano Ártico que se le considera un mamífero marino. Los osos necesitan el hielo marino para cazar su principal presa, las focas, y por eso la formación de hielo en otoño, tras el deshielo anual en verano, es crítica para su supervivencia. En este otoño tan increíblemente cálido, nos estamos acercando peligrosamente a ese punto. En noviembre, la superficie media del hielo marino ártico ha sido 9,08 millones de kilómetros cuadrados, 1,95 millones menos que la media de este mes entre 1981 y 2010.

“A finales de noviembre todavía no hay hielo mariano en la zona de Svalbard”, dice Jon Aars, investigador del Instituto Polar Noruego y colaborador de WWF. “Nuestra mayor preocupación es que es poco probable que las osas polares preñadas puedan llegar a sus cubiles en las remotas islas al este de Svalbard, para pasar el invierno y dar a luz a sus crías”, comenta Aars. El investigador explica que cuanto más tarde se forma el hielo, más tiempo tienen que pasar los osos en tierra quemando sus reservas de grasa, y eso puede tener efectos en la supervivencia y reproducción de los osos en peores condiciones.

Cada día que pasan en tierra sin poder cazar focas, los osos gastas alrededor de un kilo de masa corporal. Con el calentamiento del Ártico, el periodo libre de hielo marino en algunas zonas está aumentando a un ritmo de 75 días por década. “Según aumenta el periodo anual libre de hielo, está claro que más osos polares se quedarán sin reservas de grasas y morirán de inanición”, dice el profesor de la Universidad de Alberta Andrew Derocher. “Con 180 días sin hielo marino, es poco probable que una población de osos polares pueda tener las crías suficientes para pervivir”.  

Los científicos predicen que si seguimos al ritmo actual de pérdida de hielo marino, para el año 2050 habremos perdido un tercio de la población total de osos polares. Para evitar el colapso del Ártico, sus ecosistemas y la increíble biodiversidad que acogen, es crítico aumentar los esfuerzos frente al cambio climático y acelerar el abandono de los combustibles fósiles. Según los últimos datos de la Organización Meteorológica Mundial, la temperatura media global en 2016 ha superado en 1,2ºC los niveles pre-industriales, muy cerca del umbral de seguridad de 1,5ºC marcado en el Acuerdo de París.

Además de luchar contra el cambio climático, WWF trabaja para que se declare una inmensa área protegida en el Ártico canadiense, el “último reducto del hielo” – “The Last Ice Area”, en inglés-. Los modelos predicen que en esa zona remota y salvaje es más probable que el hielo marino perdure más tiempo. Mientras todo el Ártico se derrite de modo imparable, es posible que esa zona se convierta en el último refugio posible para los osos polares, las belugas, los narvales y el resto de especies que dependen del hielo.



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