Venecia recibe cada año cerca de 22 millones de visitantes, una fuente de ingresos turística sin apenas temporada baja. Esto implica que la economía de la ciudad depende de mantener su enorme atractivo para los turistas de todo el mundo.

No obstante, esta investigación proyecta sombras sobre el futuro de su industria turística pues advierte de que podría verse influida de forma negativa por circunstancias medioambientales. Un análisis de las tendencias de la temperatura de la Laguna de Venecia sugirió que su aumento durante los meses de invierno será diez veces superior a la predicha para todo el planeta por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), una situación que los investigadores relacionan directamente con el turismo.

Pero este sector no será la única fuente de ingresos que sufra las consecuencias, pues miles de trabajos en Venecia dependen de la pesca, directamente relacionada con la temperatura del agua marina de la Laguna. Un aumento de la temperatura superficial del mar en las zonas costeras reduce la concentración de oxígeno disponible, desplaza a los peces y sus zonas de cría y genera tasas de mortalidad catastróficas en las poblaciones de peces. Esta investigación ha contribuido a predecir la viabilidad de las industrias dedicadas a la piscicultura y la cría de almejas que abastecen a los restaurantes a los que acuden millones de turistas al año.

El profesor Carl Amos del Departamento de Ciencias Oceánicas y de la Tierra de la Universidad de Southampton explicó el significado de sus resultados: “Los descubrimientos realizados en Venecia son el resultados de una colaboración de quince años con la ciudad; poseen una importancia enorme e implicaciones para el resto del planeta. Los procesos de urbanización masiva de las zonas costeras traen consigo el grave problema de las "islas de calor urbanas", que repercute tanto en la industria pesquera como en el mantenimiento de las infraestructuras litorales. El Támesis, como la Laguna de Venecia, es también al mismo tiempo causante y víctima del efecto de las islas de calor urbanas, cuyas consecuencias han de solucionarse con urgencia para garantizar el futuro de los hábitats costeros.”

Isla de calor urbana

El efecto de isla de calor urbana es un fenómeno observado en zonas en las que se produce una expansión rápida tanto urbana como industrial que aumenta la temperatura local con respecto a su entorno.

El profesor Amos explicó: “El efecto de isla de calor urbana supone un problema al que no se presta mucha atención pero que posee consecuencias gravísimas. En Londres, por ejemplo, la temperatura atmosférica en la capital y la temperatura superficial del agua del Támesis siempre es superior a la del resto del Reino Unido. Del mismo modo, en Corea del Sur, una región que ha experimentado una expansión industrial rápida, la temperatura superficial del mar aumenta 0,26 grados al decenio, una cifra considerablemente superior a la media global. Dos tercios de este aumento se deben a la temperatura atmosférica local, influida en gran medida por el efecto de isla de calor urbana.”

En la actualidad se calcula que 1.600 millones de personas habitan las zonas costeras en todo el planeta, ocupando un 18% del total de la superficie terrestre mundial. Esto implica que la densidad de población en dichos asentamientos triplica la media global. Además, se prevé un aumento de esa población del 30% para 2050, acompañado de una intensificación constante del comercio y de las infraestructuras relevantes.

El estudio sugiere que la actividad humana en las regiones costeras en las que existe un proceso de desarrollo urbano intenso influye de manera directa en el calentamiento de las masas de agua adyacentes y que esta contribución al calentamiento global en las costas equivale o supera a otros factores como los gases de efecto invernadero.

“En el informe publicado en 2006 por la "Asociación sobre los Impactos del Cambio Climático Marino" (MCCIP) se afirma que la capacidad para establecer y predecir cambios antropogénicos a largo plazo en la costa aún "no se conoce" y que la confianza en los resultados es "baja". Esto supone un obstáculo importante para la preparación frente a los inevitables cambios en la temperatura superficial del mar”, afirmó el profesor Amos. “La mayoría de estos cambios en el litoral tienen su origen en las actividades humanas, pero resulta complicado medir todos los factores con precisión, hasta el punto de que las cifras oficiales del IPCC no tienen en cuenta estas "anomalías" costeras.”



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