Robots para bombear el carbono en el océano de forma eficiente

 

Las floraciones de fitoplancton son uno de los factores más importantes que contribuyen a la eficiencia de bombeo de carbono en el océano Atlántico Norte y para entender mejor el fenómeno, el proyecto ERC remOcean, liderado por investigadores del Laboratorio de Océanografía de Villefranche (CNRS/UPMC), en Francia, ha desarrollado una nueva clase de robots capaces de recopilar datos en el océano durante todo el año.

Usando esta información, han identificado el punto de partida para la floración explosiva del fitoplancton de primavera, unos resultados que se detallan en dos artículos publicados en las revistas científicas Nature Geoscience y Nature Communications.

El océano Atlántico Norte, ubicado sobre el paralelo 50º norte, es uno de los sumideros de carbono más eficientes del mundo. Aunque representa menos del 1,5% de la superficie total de los océanos del mundo, captura aproximadamente el 20% del CO2 secuestrado por los océanos.

Sus aguas superficiales muy frías y las condiciones climáticas relativamente extremas en invierno permiten una captura eficiente de CO2 de la atmósfera. Al mismo tiempo, las floraciones de fitoplancton, un microorganismo vegetal que transforma el carbono inorgánico presente en el océano en carbono orgánico mediante la fotosíntesis, también contribuyen a la captura de CO2 y su posible exportación a las profundidades oceánicas.

Tradicionalmente, se observan las floraciones de fitoplancton a través de satélites que revelan la presencia de clorofila al identificar el color del océano, aunque resultan ineficaces en caso de nubosidad; y también por misiones oceanográficas, que son más caras de operar y limitadas en el tiempo.

Para comprender mejor las condiciones propicias para las proliferaciones de fitoplancton, los investigadores del Laboratorio de Oceanografía de Villefranche (CNRS UPMC) han desplegado robots llamados “flotadores de perfiles biogeoquímicos” desde 2012-2013.

Estos robots, que operan entre la superficie y una profundidad de 2.000 metros, han permitido registrar datos nunca recogidos durante un ciclo anual completo, como la profundidad, la temperatura, la salinidad del agua, la intensidad de la luz, la densidad de partículas en suspensión y la concentración de clorofila (un indicador de la presencia de fitoplancton) y oxígeno.



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