“La expedición de Oceana al golfo de Méjico se diferencia por su enfoque, ya que su objetivo ha sido analizar los impactos a largo plazo del vertido. Gracias a estos dos meses de trabajo de campo, ahora contaremos con información independiente y de primera mano sobre la contaminación que persiste en el área y que no es visible tras el masivo uso de dispersantes”, explica Xavier Pastor, Director Ejecutivo de Oceana Europa y líder de la expedición.

Marcaje de tiburones

La expedición a bordo del Oceana Latitude, que ha reunido a un equipo con más de una docena de nacionalidades, se ha realizado en colaboración con científicos de diferentes instituciones. Por ejemplo, se llevó a cabo un marcaje de tiburones con el Acuario Nacional y la Universidad de Miami para averiguar si son capaces de evitar las zonas contaminadas. Esta actividad coincidió con la llegada de la tormenta tropical Nicole, que culminó las difíciles condiciones meteorológicas que han afectado a buena parte de la expedición.

Oceana ha podido documentar también los cientos de buques y plataformas petrolíferas que operan en el golfo de Méjico, así como la contaminación crónica y no declarada que sufre el área. Los submarinistas se han sumergido en estas aguas sin visibilidad para recoger muestras de sedimentos contaminados y también en reservas marinas bien conservadas, con el fin de tomar imágenes y poder comprobar pasado un tiempo cómo les afecta el vertido. Muchas de las consecuencias del derrame no podrán verse hasta dentro de años.

Por su parte, los científicos a bordo han tendido trampas de plancton para analizar en laboratorio el impacto del petróleo en los microorganismos y en huevos y larvas de especies mayores. Asimismo, han desplegado una red de estaciones de medición de hidrocarburos tóxicos con sensores capaces de medir la contaminación entre la superficie y los 1.800 metros de profundidad.

La totalidad de las actividades planificadas se han llevado adelante, a pesar de complicaciones burocráticas y meteorológicas. Además, centenares de fotografías y decenas de vídeos se han subido a la web de Oceana a lo largo de la expedición, junto con el diario de a bordo, la ruta seguida y una webcam en tiempo real.



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