Los hallazgos de su estudio, publicados en la revista Science, ayudan a esclarecer la asociación existente entre depredadores y presas en todo el mundo.

Los investigadores, dirigidos por Philippe Cury del Institut de recherche pour le développement (IRD, Francia) y procedentes de Canadá, Francia, Namibia, Noruega, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos, evaluaron datos de casi 450 años acumulados de observaciones. Compararon el volumen de peces disponibles con los patrones de reproducción de catorce especies de aves costeras. Los frailecillos, pingüinos, gaviotas y alcatraces, entre otros, se alimentan principalmente de sardinas, anchoas, arenques y gambas, especies que a su vez son objeto de sobrepesca.

La consecuente pérdida de biomasa ictiológica amenaza la supervivencia de las aves y, por tanto, del ecosistema. Si se reduce la cantidad de peces, las aves dejan de reproducirse. En el caso contrario no sucede lo mismo, es decir, aunque aumente la cantidad de peces, la tasa de reproducción de las aves no se intensifica. Los investigadores sugieren que otros factores repercuten en dicha tasa, entre ellos cómo de rápido se llenan las zonas de anidamiento.

En su opinión, esta información proporciona un nivel de referencia para la gestión sostenible de las pesquerías, la cual contribuiría a proteger a la población de aves y asegurar el bienestar de los entornos marinos.

El estudio ha permitido validar el hecho de que las leyes que regulan los distintos ecosistemas guardan similitud. Ya antes los especialistas en este ámbito sospechaban que así ocurría, pero este estudio ha servido para conformar un modelo del comportamiento de los depredadores y las presas.

Los científicos investigaron las especies de peces en siete ecosistemas repartidos por el mundo. Cada uno de dichos ecosistemas se evaluó durante períodos de entre quince y cuarenta años. Según los autores, se necesitan alrededor de trece años de datos para obtener una idea precisa del volumen máximo de peces que puede existir en determinado ecosistema.

Se trata del primer estudio en evaluar un corpus tan abundante de datos sobre la asociación que existe entre depredadores y presas. Una de las claves del éxito de este estudio fue la colaboración trabada entre especialistas de los hemisferios norte y sur del planeta.

Según los autores, la sobrepesca pone en riesgo la supervivencia de depredadores de nivel superior, entre ellos aves. Esta presión se ve agravada por la actividad humana, y de manera especial por la pesca. Cada año, los humanos y los peces en conjunto consumen cerca de ochenta millones de toneladas de pescado. Actualmente, casi la tercera parte de las capturas en todo el mundo corresponde a especies de pequeño tamaño como la sardina, la anchoa, el arenque, el eperlano y el capelín que se utilizan como fuente de pienso y aceites para el sector de la piscicultura. Los científicos añaden que los resultados de este estudio permiten establecer un estándar a partir del cual medir el grado de sostenibilidad de la gestión pesquera así como incrementos de la demanda mundial. Todo ello contribuirá a la sostenibilidad de las poblaciones de aves marinas en el futuro.

Investigadores de Europa han señalado que un método óptimo para determinar si los ecosistemas marinos están sanos consiste en evaluar las poblaciones de aves marinas.



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