Cuando existe correlación entre la popularidad de las especies y su grado real de amenaza, mejora el funcionamiento del proyecto. Es el caso del lince ibérico (Lynx pardina) o el ibis eremita (Geronticus eremita).

La ausencia de popularidad explica en parte, en cambio, por qué no se trabaja con especies muy amenazadas pero apenas conocidas, como las lagartijas endémicas de montaña del género Iberolacerta o las especies de pequeños peces de río de los géneros Anaecypris, Squalius o Cottus.

El último escenario se da con especies como el búho real (Bubo bubo), la nutria (Lutra lutra) o el camaleón (Chamaeleo chamaeleon), especies muy populares pero poco amenazadas, cuyas poblaciones se ven reforzadas con proyectos de reintroducción no tan necesarios.

“Existen otros factores, como las cuestiones técnicas o la disponibilidad de fondos, que también influyen y determinan la viabilidad de un proyecto. Lo más preocupante es que popularidad y grado de amenaza tienen influencias independientes y de la misma magnitud. Este hecho implica una alta proporción de errores estratégicos”, subraya Díaz.

“Para evitar estos fallos hay que separar claramente las reintroducciones dirigidas a recuperar poblaciones salvajes de las que tienen fines sociales o educativos. Asimismo, es necesario aplicar criterios que evalúen objetivamente la necesidad y viabilidad potencial de los proyectos antes de iniciarlos. Así se dirigirían los escasos recursos para la conservación a la biodiversidad amenazada de modo más eficaz”, concluye el experto.

Fuente: Agencia SINC,



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