Nueva función

En 1967, la bióloga estadounidense Lynn Margulis formuló su famosa teoría endosimbiótica, que explica la presencia de orgánulos con material genético propio dentro de las células eucariotas como resultado de una simbiosis primitiva de una bacteria dentro de otra célula. En este proceso de simbiosis, estos orgánulos, las mitocondrias y los cloroplastos, fueron transfiriendo gran parte de su material genético al núcleo de la célula. 

De esta manera, el núcleo, que posee la mayor parte del ADN de la célula, se convirtió en director y proveedor de la mayoría de proteínas de la célula. Gracias a su función de "director celular", el núcleo envía constantemente señales al resto de orgánulos celulares para ejecutar funciones importantes, como por ejemplo, la división o la diferenciación celular.

La función principal de las mitocondrias y los cloroplastos en la producción de energía celular es bien conocida. También lo es el hecho de que estos orgánulos pueden enviar señales al núcleo para informarle de su estado, lo que se conoce como señalización retrógrada. Mitocondrias y cloroplastos utilizan la señalización retrógrada para solicitar al núcleo las proteínas necesarias para ejercer su función de productores de energía correctamente.

El cloroplasto, un sensor de estrés

El grupo de investigación del CRAG utilizó pequeñas plántulas de Arabidopsis thaliana en proceso de desarrollo guiado por la luz (fotomorfogénesis) y las trató con un fármaco que daña los cloroplastos. Sorprendentemente, las plantas tratadas con el fármaco adquirían un aspecto similar a las plantas crecidas en ausencia de luz, indicando que la señalización retrógrada estaba, en este caso, reprimiendo la fotomorfogénesis normal a pesar de la presencia de luz. En vista de este resultado, los investigadores buscaron cuál era el mecanismo molecular que causaba este efecto.

Experimentos posteriores indicaron que el gen nuclear GLK1 es clave en la regulación de la fotomorfogénesis, siendo un gen que está regulado por la señalización retrógrada y por las proteínas PIF, que son sensibles a la luz. En oscuridad las proteínas PIF son abundantes y evitan la acción de GLK1, pero cuando la plántula sale de bajo tierra y le llega la luz, las proteínas PIF se degradan, permitiendo que GLK1 promueva el desarrollo fotomorfogénico de la plántula, que incluye por ejemplo, la expansión de las hojas y la adquisición de la clorofila y por lo tanto, del color verde.

Así pues, en el artículo se describe por primera vez que el cloroplasto funciona como una antena sensora de estrés capaz de tomar temporalmente la dirección de la célula al núcleo para modificar el desarrollo de la planta y protegerla.



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