Conocemos muy pocos secretos de las plantas que nos rodean. En el Amazonas, el Chocó y los Andes pueden estar escondidos los medicamentos para muchas enfermedades o fibras que podrían cambiar la industria de los textiles, pero vivimos de espaldas a esos tesoros y todo indica que pasarán muchos años antes de que seamos capaces de descubrirlos. Peor aún: ni siquiera nos hemos enterado de lo que muchas comunidades tradicionales ya saben.

De acuerdo con una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Aarhus en Dinamarca, Colombia es uno de los países de Suramérica que menos conocen su riqueza botánica. Rodrigo Cámara Leret y sus colaboradores, quienes publicaron en la revista Plos One los detalles del estudio, calculan que más de 50% del conocimiento tradicional del noroeste sudamericano aún no se ha documentado.

Para determinar los vacíos de información etnobotánica en el noroeste del continente, es decir, en Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, los investigadores decidieron recopilar toda la información posible sobre palmas bajo la premisa de que es una de las especies vegetales más estudiadas. Por un lado, revisaron la literatura científica de los últimos 60 años sobre el uso de palmas en los pueblos de esta región y luego la compararon con los resultados de un extenso trabajo de campo que los llevó por 68 comunidades indígenas, afroamericanas y mestizas de los cuatro países.

En total evaluaron 255 publicaciones, en las que se reportaron 194 especies de palmas para un total de 2.395 usos relacionados con construcción, alimentación, fabricación de utensilios, herramientas y por supuesto medicina tradicional. Estos datos fueron contrastados con los resultados de las entrevistas en las comunidades.

“De todos los países, encontramos que en Colombia existen las mayores brechas de información”, comentó Rodrigo Cámara Leret, de la U. de Madrid. De acuerdo con su estudio, Colombia fue el país con menos revistas de etnobotánica, el segundo con menor número de referencias bibliográficas y con la menor proporción de usos de palmas entre grupos indígenas. Ecuador fue el único de los países en que el número de usos de palmas reportados en la literatura superó el trabajo de campo.

“Yo diría que el principal aporte del estudio es que, usando una metodología común, a una escala regional, y con un grupo modelo como son las palmas, logramos evaluar la eficiencia de la documentación etnobotánica”, dice Cámara Leret. Extendiendo este modelo al resto de las familias botánicas se podría completar el mapa de nuestro conocimiento sobre plantas.

Rodrigo Bernal, exprofesor de la Universidad Nacional y coautor del Catálogo de Plantas de Colombia, considera que el trabajo del equipo europeo es “exhaustivo y pone en evidencia que todavía hay mucho por documentar”. Aunque discrepa con los investigadores por la forma como contaron los usos de las palmas, pues según él son repetitivos, dice que eso “no le resta absolutamente nada de veracidad a lo que el artículo postula: la insuficiente documentación del conocimiento etnobotánico en el noroeste de Suramérica”.



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