“Desde tiempos inmemoriales, la sequía ha sido un aspecto de la variabilidad natural del clima”, declaró el Secretario General de la OMM, señor Michel Jarraud. “Como resultado del cambio climático, está previsto que aumenten la frecuencia, intensidad y duración de las sequías en diversas partes del mundo, lo que provocará un incremento de las pérdidas humanas y económicas. No podemos permitirnos seguir adoptando un enfoque fragmentado e impulsado por la crisis. Tenemos los conocimientos y la experiencia necesarios para reducir los efectos de la sequía. Ahora es necesario adoptar un marco de políticas y aplicar medidas sobre el terreno”.

“A pesar de ser predecible, la sequía es el desastre más costoso y mortífero de nuestro tiempo. La decisión de atenuar la sequía es, en última instancia, política. Los gobiernos de todos los países propensos a la sequía deben adoptar, incorporar y aplicar políticas sobre la sequía, basándose en los principios de la alerta temprana, la preparación y la gestión del riesgo,” afirmó el Secretario Ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, Luc Gnacadja. “El costo de la gestión de la crisis es muy superior al de la gestión del riesgo y la acción temprana, y no deberíamos esperar a que se produjera la próxima sequía, causara hambruna y se cobrara vidas humanas, para actuar”.

“Las sequías más extremas y frecuentes causadas por el cambio climático tienen efectos devastadores sobre la seguridad alimentaria, especialmente en las regiones más vulnerables del mundo” dijo el Director General de la FAO, José Graziano da Silva. “Para invertir esta tendencia, debemos crear comunidades resilientes, que sean resistentes a la sequía, lo que no solo implica reaccionar cuando hay escasez de lluvias sino también invertir a largo plazo de modo que cuando se produzcan sequías, las personas y los sistemas alimentarios puedan capear el golpe”.

La Reunión de alto nivel de políticas nacionales sobre la sequía reúne a dirigentes, instancias decisorias gubernamentales, organismos para el desarrollo y científicos e investigadores destacados de todo el mundo.

Pérdidas económicas y humanas

Desde el decenio de 1970, la superficie de las tierras afectadas por la sequía se ha duplicado. Las mujeres, los niños y las personas de edad suelen ser quienes pagan el precio más alto.

Últimamente las sequías han afectado al Gran Cuerno de África y la región del Sahel, los Estados Unidos de América, México, nordeste del Brasil, partes de China e India, Rusia y sureste de Europa. Los países más vulnerables son los de las zonas áridas del planeta, donde las comunidades más pobres de África y de algunas partes de Asia occidental están particularmente expuestas a ese riesgo.

Los efectos pueden prolongarse hasta mucho después de que vuelvan las lluvias, y durante ese tiempo los alimentos seguirán siendo escasos y caros y se agotarán los recursos hídricos, se erosionará el suelo, se debilitará el ganado y los conflictos jurídicos y sociales se harán sentir durante años. A menudo, entre los períodos de sequía se intercalan fuertes inundaciones, que afectan a las comunidades cuando más vulnerables son, lo que hace que los daños sean mayores.

En la actualidad, 168 países alegan estar afectados por la desertificación, un proceso de degradación de las tierras en las zonas áridas que afecta a la producción alimentaria y se ve exacerbado por la sequía. En la Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible Río +20, celebrada el pasado mes de junio en Brasil, los dirigentes de todo el mundo calificaron la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía de desafíos mundiales y expresaron su compromiso de esforzarse por lograr un mundo con una degradación neutra de las tierras, donde se compense la degradación inevitable mediante la restauración de la misma cantidad de tierras en el mismo momento y el mismo ecosistema.

De la gestión de la crisis a la reducción de riesgos de desastre

El objetivo de la Reunión de alto nivel de políticas nacionales sobre la sequía es alentar a los países a pasar de la gestión de la crisis a la reducción de riesgos de desastre, enfoque que ya se ha adoptado con éxito en el caso de peligros como los ciclones tropicales y las inundaciones.

Los objetivos concretos consisten en:

  • Definir las medidas de mitigación y planificación proactivas, la gestión de riesgos, la difusión pública y la administración de recursos como elementos clave de una política nacional sobre la sequía efectiva.
  • Fomentar una mayor colaboración para reforzar las redes de observación y los sistemas de información con objeto de mejorar la comprensión del público de la sequía, así como la preparación en caso de sequía.
  • Incorporar estrategias financieras y de seguros gubernamentales y privadas globales en los planes de preparación en caso de sequía.
  • Designar una red de protección en materia de ayuda en caso de emergencia, basada en una administración racional de los recursos naturales y en la autoayuda a distintos niveles gubernamentales.
  • Coordinar programas de sequía y actividades de respuesta en casos de sequía con eficiencia y eficacia y centrándose en las necesidades de los usuarios.


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