Para los habitantes de los países desarrollados el acceso al agua es un ejercicio automático y rutinario, sin embargo, la insalubridad de del agua de las tuberías causa alrededor de 842.000 muertes al año.

700 millones de personas no disfrutan de este derecho humano (reconocido por la ONU el 28 de julio de 2010 a través de la Resolución 64/292) y se calcula que para 2080 la mitad de la población no tendrá acceso a agua en condiciones de salubridad.

Agua

En España, esa realidad es distinta: el 99,5% del agua que sale por el grifo es potable, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, y el 0,5% restante son incumplimientos puntuales de determinados servicios, “sobre todo en pequeñas poblaciones con tecnificación deficiente, lo que no significa que el agua no sea potable, sino que alguno de sus parámetros está por encima de lo recomendable sin que llegue a ser insalubre”, detalla Fernando Morcillo, presidente de la Asociación Española de Abastecimiento y Saneamiento.

Para que ese casi 100% llegue, entre otras cifras, el sector cuenta con 24.881 empleados directos, 224.000 kilómetros de redes de agua potable (algo más de cinco vueltas y media a la Tierra) y 165.000 kilómetros de alcantarillado, más de 17.389 puntos donde se recoge el agua (entre aguas subterráneas, superficiales y pluviales), y 877.199 boletines de análisis con los resultados de calidad del agua que consumimos.

“No. El agua no cae del cielo. Desde que se recoge hasta que llega a nuestros fregaderos o duchas, hay un enorme componente humano detrás, también técnico y tecnológico”, afirma Alberto García, portavoz de Aqualia, tercera compañía en gestión de agua en el mundo.

“Ese es uno de los falsos mitos que corren en torno al agua, como que el agua es infinita porque la mayoría de la superficie de la Tierra está cubierta de ella…”.

¿Cómo llega el agua al grifo?

Para que alrededor de 47 millones de españoles se duchen cada mañana el agua tiene que ser captada (de ríos, lagos, mares, zonas subterráneas o lluvia), almacenada y potabilizada según los requisitos, en España, del Real Decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano). Después pasará a los depósitos urbanos, y de ahí, a las tuberías que recorren como serpientes todo el subsuelo para llegar hasta los hogares.

Fuente: EL PAÍS,