Un estudio de Francisco Salamanca, investigador del CIEMAT, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino, sugiere que la temperatura del aire en una ciudad como Madrid podría subir hasta 1,5-2 grados centígrados debido a los aparatos de aire acondicionado en verano.

Este análisis constituye una parte de la tesis doctoral presentada en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), codirigida por Alberto Martilli (investigador del CIEMAT) y Carlos Yagüe (profesor de la UCM) y en la que han participado también investigadores de la escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza), y del National Center for Atmospheric Research (Boulder, Colorado, USA). Esta investigación se ha realizado por medio de un modelo atmosférico en el que se ha integrado un modelo simple de energética de edificios que considera la generación de calor en los edificios por ocupantes y equipos, los intercambios con el exterior por ventilación, difusión de calor a través de los muros, y radiación por las ventanas. A partir de estos datos, el modelo estima la cantidad de calor que se necesita extraer de los edificios y que termina por calentar la atmósfera. La novedad de esta metodología pionera es que, acoplando el modelo de edificios con el modelo atmosférico, se pueden considerar todas las interacciones entre edificios y atmósfera.

Campaña experimental DESIREX

Este modelo ha sido utilizado para simular el comportamiento de la atmósfera sobre la región de Madrid para dos días de verano de 2008 (30 junio y 1 de julio). Una vez validados los resultados con los datos de la campaña experimental DESIREX que tuvo lugar en esos días, se ha considerado un escenario donde los aparatos de aire acondicionado no emiten calor a la atmósfera. Como se ha mencionado anteriormente, a partir de estas simulaciones se ha podido estimar en 1,5-2 grados el aumento de la temperatura del aire en algunas zonas de la ciudad. Sin embargo, este aumento no se produce durante las horas más calurosas del día, sino durante la tarde-noche. Esto es particularmente significativo porque es sabido que una de las principales causas del aumento del índice de mortalidad durante las olas de calor está conectada con un estrés térmico prolongado.

Otra ventaja de la metodología presentada en este estudio es la posibilidad de estimar el consumo de energía debido a los aparatos de aire acondicionado sobre la ciudad en su totalidad. Esta cantidad, además de los parámetros meteorológicos, depende de los parámetros morfológicos de la ciudad. Un estudio previo sobre la ciudad de Houston (Texas, EE UU) ha mostrado que si se dispone de información espacial detallada de estos parámetros morfológicos, el modelo es capaz de estimar con buena aproximación los valores de consumo energético. Para la ciudad de Madrid no se dispone de esta detallada información morfológica. Por esta razón, los parámetros urbanos se han fijado a partir de información puntual sobre algunos barrios considerados representativos de la tipología urbana de Madrid. Considerando estas limitaciones y para evaluar las potencialidades de la herramienta, se han estudiado varios escenarios representativos de posibles estrategias simples de reducción del consumo energético. Cada estrategia por separado puede representar un ahorro de entre 3 y 5 % del consumo energético total debido a los aparatos de aire acondicionado, mientras que si se consideran conjuntamente, el ahorro llegaría al 10 %. Si se considera, además, que tres cuartas partes del consumo energético mundial tiene lugar en las ciudades, y que el porcentaje de la población urbana mundial crece continuamente (por primera vez en la historia es más del 50 %) se puede entender cómo las ciudades son un lugar clave donde actuar para controlar el consumo energético a nivel mundial, una acción necesaria para limitar el impacto del cambio climático.

Herramientas como la desarrollada en este estudio pueden permitir no solamente el evaluar diferentes estrategias de control del consumo energético y de mejora del clima urbano, sino también poder planificar el desarrollo futuro de las ciudades en un sentido más sostenible. Además, permiten evaluar también el impacto sobre la contaminación atmosférica de los posibles escenarios de desarrollo urbano. Claramente, no siempre la elección de un escenario de desarrollo urbano va a ser evidente, y la decisión política final va a depender también de otros factores (epidemiológicos, sociales, económicos, etc.). Sin embargo, lo importante es que se empieza a disponer de herramientas numéricas que permiten cuantificar las complejas interacciones existentes entre la estructura urbana y la atmósfera, de manera que puedan adoptarse decisiones basadas en el conocimiento científico más actual.



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