La Consejera de Turismo, Medio Ambiente y Política Territorial, Aránzazu Vallejo, ha dado a conocer este documento de la Dirección General de Medio Natural con motivo de la celebración del Día Mundial de los Humedales.

En La Rioja existen 10 especies de anfibios: dos tritones y ocho especies, entre ranas y sapos, que representan algo más de una tercera parte de la fauna anfibia peninsular, formada por 29 especies. Son el grupo de vertebrados con menor número de especies, y sus efectivos poblacionales se han ido mermando en los últimos años.

La razón de su delicada situación está en su forma de vida, entre el medio terrestre y el acuático, que les hace especialmente vulnerables a todo tipo de alteraciones medioambientales. De hecho, el aumento o disminución de sus poblaciones es fiel indicador de la salud ambiental y del grado de conservación de un determinado medio.

La lista de amenazas que afectan a los anfibios es larga, con factores de índole global y local:

  • La aparición de enfermedades infecciosas y de factores como el cambio climático, el deterioro de la capa de ozono, el aumento de la radiación ultravioleta o las grandes sequías resultan fatales para estos animales cuya piel está muy desprotegida y necesita un grado de humedad constante.
  • En La Rioja, la desaparición o deterioro de charcas, acequias, pozas y otro tipo de zonas húmedas, que son el hogar, refugio y zona de cría de los anfibios, es, sin duda, la principal razón del descenso de sus poblaciones. A esto se añaden aspectos como la contaminación de las aguas, el desarrollo urbanístico y de infraestructuras, o la agricultura intensiva que ha traído consigo el uso de fitosanitarios y contaminantes químicos, la concentración parcelaria y la desaparición de riberas y ribazos.

Creación de medios acuáticos

En este contexto, la Consejería ha decidido favorecer la conservación y mejora de las poblaciones de anfibios mediante el acondicionamiento o creación de medios acuáticos en los que puedan reproducirse, criar y completar su ciclo vital. Esta línea de actuación ya ha demostrado su eficacia en otros puntos de España y Europa.

En los últimos años, la Dirección General de Medio Natural ha desarrollado distintas iniciativas para la creación o mejora de charcas y humedales con el fin de proteger los anfibios y el resto de especies de flora y fauna que dependen de ellas. Entre ellas figuran el cerramiento de la Laguna de Anguta en Valgañón, la declaración de los Sotos de Alfaro como Reserva Natural, la inclusión de las Lagunas de Urbión en la lista Ramsar, la creación y adecuación del humedal de la Degollada o la declaración de la Laguna de Hervías como Área Natural Singular. En 2009, se llevó a cabo la restauración hidrológica del lago de Herramélluri, que ya ha sido rápidamente colonizado por varias especies de anfibios, y en 2010 se han acondicionado tres charcas en la sierra riojana, concretamente en Ezcaray, Rabanera y Ventrosa.

En la actualidad, se estima que en La Rioja existen más de 400 charcas de pequeña superficie y profundidad. La mayoría son balsas de riego y abrevaderos particulares que se han construido en las últimas décadas para el manejo del agua, la agricultura de regadío y las actividades ganaderas, y que suponen enclaves potenciales de cría de batracios.

Actuaciones sobre el terreno y sensibilización ambiental

El plan presentado tiene una vigencia de seis años y actuará prioritariamente sobre las especies contempladas en la Directiva de Hábitats: el tritón jaspeado, sapo partero común, sapillo pintojo ibérico, sapo de espuelas, sapo corredor y ranita de San Antonio.

El documento se estructura en dos grandes ejes de intervención con diversas acciones concretas. En el primero, se incluyen medidas como el estudio de la situación actual de las poblaciones riojanas y la realización de un inventario de pequeños puntos de agua de interés para la vida de los anfibios y la biodiversidad general, que servirá de herramienta de planificación básica para el resto de actuaciones.

Otra medida importante es la creación de nuevas charcas, valladas y señalizadas si fuera necesario, que puedan ser colonizadas por los anfibios y el resto de especies de flora y fauna asociadas a estos hidrosistemas. Como complemento, se trabajará en la restauración de charcas, abrevaderos, fuentes y manantiales ya existentes y degradados por la acción del ganado, la falta de mantenimiento, el abandono del medio rural y los usos agrícolas, etc.



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