Las pesquerías de profundidad se desarrollan entre 200 y 1.500 metros bajo el nivel del mar en el Atlántico Nordeste. Ambientes extremos con frías temperaturas, falta de nutrientes y oscuridad hacen que estos singulares organismos crezcan despacio y tengan poca descendencia. Por ello, son muy vulnerables al impacto humano, especialmente a actividades como es el arrastre de profundidad, que destruye hábitats tales como corales de aguas profundas y en ocasiones devuelve muerto al mar hasta el 80% de lo capturado.

La petición se lanza coincidiendo con las negociaciones de los gobiernos europeos para reformar la actual normativa que regula la pesca de profundidad en aguas del Atlántico Nordeste (Reglamento nº 2347/2002), que en los últimos 10 años ha demostrado ser ineficaz a la hora de proteger estos ecosistemas tan frágiles. Por ejemplo, permite artes de pesca destructivas que arrasan arrecifes de corales milenarios y agregaciones de esponjas y, del centenar de especies que se pescan, solo establece límites de capturas para 11 especies comerciales.

Así, entre las medidas solicitadas por las ONG se encuentran identificar las áreas que contienen o puedan contener Ecosistemas Marinos Vulnerables, eliminar progresivamente el uso de artes destructivas, aplicar medidas que minimicen las capturas de especies no deseadas y fijar las posibilidades de pesca según las recomendaciones científicas.

La biodiversidad de las grandes profundidades es comparable a la de las selvas tropicales o a la de los arrecifes coralinos poco profundos. España tiene el deber de cumplir los compromisos medioambientales adquiridos con las Naciones Unidas para una gestión sostenible de las pesquerías en aguas profundas y una protección adecuada de este patrimonio natural.



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