Este nutriente es clave para que el fitoplancton crezca, realice la fotosíntesis y cumpla su función de captación de dióxido de carbono (CO2) del aire. Los microorganismos que forman el fitoplancton retienen casi tanto CO2 como las plantas terrestres, y por tanto, son fundamentales para la regulación del clima.

El 11 de febrero, el Hespérides partió de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) rumbo a Australia para dar inicio a la primera campaña oceanográfica española en el Índico. El pasado domingo, 13 de marzo, el buque culminó en Perth, en el extremo suroeste de Australia, la cuarta de las ocho etapas de la expedición, liderada por el investigador del CSIC  Carlos Duarte y en la que participan más de 400 científicos de todo el mundo.

Los investigadores han observado altas concentraciones de silicato en las muestras de agua recogidas en el Índico desde la superficie hasta los 4.000 metros de profundidad. "Hemos encontrado concentraciones de silicato tres veces más altas que en el Atlántico. Esto es significativo porque el silicato es un elemento esencial para el crecimiento de una especie de microalgas, las diatomeas, que cumplen un papel clave en la fijación de nitrógeno", explica el investigador del CSIC y jefe científico de esta etapa a bordo del Hespérides, Jordi Dachs.

De hecho, los científicos han capturado numerosas diatomeas Rhizosolenia en la columna de agua que va desde la superficie hasta los 100 metros de profundidad. Este género tiende a asociarse con una cianobacteria fijadora de nitrógeno para poder producir materia orgánica con la que construir sus células. "El hecho de que la concentración de silicato en esta zona del Índico sea superior a la de otros nutrientes como nitrato y fosfato favorece las asociaciones de diatomeas con bacterias fijadoras de nitrógeno", explica Dachs.

Estudio de contaminantes

Durante las más de cuatro semanas que ha durado la navegación desde Ciudad del Cabo, los científicos han realizado prospecciones del ecosistema del océano hasta 4.000 metros de profundidad con redes, botellas de muestreo, sondas y otros instrumentos en 24 puntos. Un total de 4.000 muestras han servido para estudiar la concentración de CO2 en el agua y analizar el vapor de agua atmosférico.

Asimismo, se ha llevado a cabo un detallado estudio de los contaminantes orgánicos persistentes en el Índico. Nunca antes se había llevado a cabo una investigación de este tipo en este océano, uno de los menos expuestos a la acción del hombre. 

Además, han observado que este océano es abundante en zooplancton. Los investigadores han recogido organismos organismos gelatinosos de la familia Salpidae y medusas Physalia y velilla. También han obtenido información sobre las proteínas microbianas presentes en la superficie, unas muestras que serán analizadas más adelante.

Los trabajos también han supuesto el lanzamiento de cinco boyas SMOS para mejorar los datos globales de observación del océano. Estas boyas, diseñadas para medir la salinidad a 50 centímetros de la superficie, servirán para completar la información del satélite de la Agencia Espacial Europea del mismo nombre.

Explorar el océano sur

El Hespérides, de la Armada Española, está a punto de adentrarse en aguas australianas. La expedición partió el 15 de diciembre de 2010 de Cádiz y ha realizado paradas en Río de Janeiro y Ciudad del Cabo. El 17 de marzo dará inicio la próxima etapa, que comenzará en Perth, recalará en Sidney y finalizará en Auckland (Nueva Zelanda). Según Carlos Duarte, será la primera vez que este barco estudie esta región al sur de Australia, denominada océano sur, pues no es el Índico ni el Pacífico.

Aparte de investigar la biodiversidad y el océano profundo, los científicos llevarán a cabo un estudio adicional basado en el remolque de un registrador de plancton para disponer de un inventario continuo de su abundancia y diversidad en aguas australianas. En este proyecto contarán con la colaboración de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation.

El Sarmiento de Gamboa, récord de profundidad

El otro buque oceanográfico que forma parte de la expedición Malaspina, el Sarmiento de Gamboa, operado por el CSIC, llega el próximo viernes, 18 de marzo, a Santo Domingo (República Dominicana) después de 55 días de navegación. Durante este tiempo, los científicos a bordo han explorado el giro subtropical del Atlántico Norte, una sección del océano de gran interés para los estudios de clima.

La campaña, que se inició el pasado 27 de enero con la salida desde Las Palmas de Gran Canaria, ha supuesto la recolección de muestras hasta una profundidad de 6.929 metros, todo un récord para este buque de investigación, explica el investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Alonso Hernández, jefe científico de esta etapa. Los investigadores lograron sumergir sus instrumentos a esta profundidad durante su navegación sobre la dorsal medioatlántica.

Aunque habrá que esperar al análisis de los resultados, los investigadores están satisfechos porque es la campaña en la que se han obtenido los datos con mayor resolución en esta zona del Atlántico, que discurre por el paralelo 24,5º Norte, una latitud donde el flujo de calor que transporta el océano hacia el norte es máximo. De hecho, uno de los objetivos iniciales era medir las variaciones en el flujo de calor que ha habido desde 1957, año de la primera expedición internacional en esta zona.



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