La industria alimentaria es una gran consumidora de plásticos, por lo que lleva apostando desde hace años por frenar este tipo de residuos fomentando la innovación y el desarrollo de envases a base de materiales sostenibles.

En un estudio publicado en 2017 por AFCO  (Asociación Española de Fabricantes de Envases Y Embalajes de Cartón Ondulado) se determinó, que el cartón es el envase que goza de mejor reputación medioambiental entre los españoles con un porcentaje del  41,7%, frente al 28,4% del vidrio.

A pesar de estas cifras, la conciencia medioambiental del consumidor y la publicación de legislación sobre la materia, ha impulsado que la industria del packaging busque alternativas biodegradables que permitan mantener tanto las características organolépticas como el valor nutricional de los productos alimenticios. 

De esta manera, en un futuro cada vez más cercano podremos comprar productos como queso envasado del cual no sólo sea comestible el alimento sino también su envase a base de caseína (proteína de la leche) o agua embotellada en burbujas a partir de extractos de algas que si ingieren por completo sin necesidad de utilizar botellas.

Pero hay materiales biodegradables que ya circulan en el mercado, como los elaborados a base de bioplásticos como el PLA (poliácido láctico) resultante de la fermentación del almidón de maíz, de patata o de caña de azúcar, que se emplean principalmente en la fabricación de  bolsas para el comercio y para la basura.

Actualmente, se encuentran en activo diversos proyectos a nivel europeo y nacional enfocados en la investigación de nuevos materiales más sostenibles para aplicaciones en el sector alimentario, que permitan además ahorrar costes y ampliar el alcance de utilización en productos perecederos como la carne envasada que necesita propiedades barrera para mantener su inocuidad.



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