Con la misma vocación de alumbrar el conocimiento sobre nuestros vínculos con la biodiversidad, la “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España” reúne el trabajo de más de 60 científicos de distintos campos de las ciencias ecológicas y sociales, que han analizado el estado y la evolución de los ecosistemas terrestres y acuáticos en España.

Los primeros resultados y conclusiones del proyecto se han sintetizado en un informe que lleva como título “Ecosistemas y Biodiversidad de España para el Bienestar Humano”. Esta publicación avanza información que pone de manifiesto los estrechos vínculos que existen entre la conservación de los ecosistemas españoles y la calidad de vida de la población.

Conclusiones del informe

Como primera conclusión de este proyecto, puede destacarse que los ecosistemas y la biodiversidad de España han sufrido un proceso sin precedentes de alteraciones como resultado del aumento sostenido en las últimas décadas de una actividad económica vinculada al uso intensivo del territorio, así como del modelo de relaciones sociales y de consumo vinculado al mismo. Como consecuencia, entre el 40 y el 68% de las especies se encuentran amenazadas y la huella ecológica se ha más que duplicado.

La interacción entre el modelo económico y los patrones demográficos ha promovido cambios drásticos en el uso del suelo, fundamentalmente el abandono rural, por un lado, y por otro la intensificación agraria y la urbanización que, en la actualidad, constituyen el principal impulsor directo del deterioro de los ecosistemas.

El abandono rural lleva consigo una disminución de los importantes servicios de regulación asociados a la gestión del agua y el suelo que históricamente han caracterizado las relaciones ser humano-naturaleza en los paisajes de la Península Ibérica. El medio rural se constituye así como una fuente de servicios de regulación cuya conservación resulta fundamental para incrementar la resiliencia y para mantener el flujo de servicios de los ecosistemas de España en un contexto de cambios e incertidumbres.

Igualmente reseñable es que el 45% de los servicios de los ecosistemas evaluados se ha degradado o se están usando insosteniblemente, siendo los servicios de regulación los más negativamente afectados, ya que el 87% de estos se hallan en estado crítico o vulnerable. Son los ecosistemas acuáticos continentales, los litorales y los macaronésicos los que han sufrido un mayor deterioro, mientras que en el otro extremo, los ecosistemas de bosques y los de montaña  son los que mejor conservan su capacidad de generar servicios.

El informe también arroja como resultado que el crecimiento de la población urbana está promoviendo, por un lado, la explotación de servicios de abastecimiento tecnificados para satisfacer la  creciente  demanda de alimentos, de materiales y de agua y, por otro, un modelo de recreación y de turismo que, en ocasiones, entra en conflicto con la conservación  de las funciones socioecológicas del territorio.

Asimismo, se incide en que España no es autosuficiente respecto al suministro de algunos alimentos, fibras, agua y energía que su modelo económico demanda, por lo que, a día de hoy, depende en un 30% de servicios de abastecimiento procedentes de otros ecosistemas del Planeta. Serían necesarias casi 3,5 “Españas” para satisfacer las demandas de consumo de su población.

Finalmente, se concluye que la transición hacia la sostenibilidad en España pasa por lograr una gestión que sitúe al “capital natural” como elemento clave del bienestar de su población, lo cual requiere adoptar medidas estructurales encaminadas a construir un nuevo marco de gobernanza que module las interacciones entre la sociedad urbana y los ecosistemas y que redefina el verdadero papel de la economía en un modelo de desarrollo justo socialmente y sostenible en términos ecológicos.

En este contexto, se subraya que la actual crisis económica constituye una “ventana de oportunidad” propicia para impulsar un cambio en nuestro modelo de desarrollo e iniciar una verdadera transición hacia la sostenibilidad. Para esto es necesario luchar contra la “amnesia ecológica” -que nos hace olvidar que formamos parte de los sistemas ecológicos y que dependemos de ellos para todo- así como contra la  “anestesia tecnológica” –que nos hace confiar ciegamente en el poder de las  tecnologías presentes y futuras. Todo ello será fundamental para promover el cambio social que, desde el cambio individual, alimente la transición hacia la sostenibilidad.



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