El gasto en calefacción y refrigeración representa el 43% -la mayor parte, y con mucho- del consumo final de energía en Europa. A pesar de su enorme tamaño y de que ya ofrece soluciones de bajas emisiones de carbono, este sector ha sido menospreciado en gran medida en todos los escenarios presentados en la Hoja de Ruta de la Energía 2050. Como resultado, la Hoja de Ruta no ofrece una visión coherente y de futuro. Además de lograr la neutralidad de carbono, una estrategia a futuro debe contemplar que sea asequible para todos los ciudadanos y que tenga efectos positivos en el bienestar local, incluyendo la creación de empleo.

La hoja de ruta reconoce que resulta vital que calefacción y refrigeración sean de origen renovable para lograr la descarbonización y que es necesario implementar una política adecuada que aúne el aislamiento de los edificios y el uso sistemático del calor residual. Sin embargo, no existe un análisis profundo del sector de calefacción y refrigeración.

Por lo tanto, para cumplir con mayor eficacia el objetivo europeo de lograr un sistema de energía prácticamente descarbonizado de aquí a 2050, los firmantes de esta declaración requieren un análisis más detallado del sector de la calefacción y la refrigeración, y también que se le de toda la prioridad al elaborar políticas energéticas actuales y futuras.

Diseñar el futuro del sistema energético europeo requiere un enfoque más en conjunto, que involucre a todas las formas de energía (calor, transporte y electricidad) y refleje plenamente su grado de interdependencia. Desestimar la producción y el uso de energía térmica puede conducir a resultados distorsionados, como que se confíe completamente la descarbonización del sector energético a la electricidad, dejando de lado sin motivo las posibilidades de cubrir la demanda de calefacción y refrigeración mediante el uso directo de fuentes de calor renovable y residual. En consecuencia, la Unión Europea se podría ver necesitada de recurrir a potenciales avances tecnológicos, como la captura y almacenamiento de carbono, o al refuerzo masivo de la red.

Para lograr una política-marco energética exitosa después de 2020, Europa debe entender los flujos intra e intersectoriales de la energía térmica, es decir, cómo se calientan y se enfrían los edificios, cómo se utiliza el calor en los procesos industriales y de qué manera la energía térmica puede generar electricidad.

A día de hoy, no se cuenta con un procedimiento sistemático de recopilación de datos e información sobre el sector de la calefacción y la refrigeración a nivel europeo, de forma que el análisis y la modelización resultan insuficientes para formular políticas ajustadas. Para remediar esta situación insatisfactoria e inaceptable, la Unión Europea debe obtener con carácter urgente las estadísticas pertinentes, mejorar los análisis y volver a evaluar los escenarios futuros.

Aunque la Unión Europea está a punto de comenzar a decidir su política energética futura, los firmantes de esta declaración conjunta instan a las instituciones europeas y a los Estados Miembros a adoptar y ejecutar con rapidez una política ambiciosa sobre calefacción y refrigeración. Para lograr una mejor integración global de la energía, y aprovechar sus enormes oportunidades económicas, las medidas políticas y la financiación de infraestructuras deben orientarse hacia soluciones locales de bajas o nulas emisiones de carbono, hoy ya disponibles.