Naciones Unidas ha lanzado un programa que podría ser la base de un sistema en el que los países ricos pagarían a las naciones pobres para desacelerar el cambio climático mediante la protección y plantación de bosques.

El nuevo incentivo, llamado Programa para Reducir las Emisiones Causadas por la Deforestación y la Degradación (UN-REDD, por sus siglas en inglés) asistirá a nueve países en desarrollo, incluyendo Bolivia, Indonesia y Zambia, para establecer sistemas de vigilancia, evaluación e información sobre la extensión de sus zonas de bosques.

“Los bosques valen más vivos que muertos (…) y sus servicios de ecosistema y beneficios valen miles de millones o incluso billones de dólares, si logramos capturarlos en modelos económicos”, comentó Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

TALA DE BOSQUES

La tala de bosques para obtener madera y terrenos de cultivo en las naciones en desarrollo produce cerca del 20 por ciento de los gases de efecto invernadero a los que se culpa por el cambio climático, de acuerdo al equipo científico del clima de la ONU. Cuando los árboles crecen almacenan dióxido de carbono, compuesto que retiene el calor, y pasan a liberarlo cuando se descomponen o son quemados.

Los países tropicales están presionando para incluir el UN-REDD en el sucesor del Protocolo de Kioto sobre calentamiento global. Delegados que representan a países alrededor del globo tienen fijado reunirse en Copenhague a finales del próximo año con la esperanza de negociar un sucesor al pacto de Kioto, que expira 2012.

Bajo un plan de esa naturaleza, los países tropicales generarían crédito transferibles de carbono cuando salven y planten árboles. Indonesia, por ejemplo, tiene el potencial de ser compensado con mil millones de dólares al año si su tasa de deforestación se reduce a un millón de hectáreas al año, estima la ONU.

Se supone que los países ricos comprarían los créditos para cumplir con sus principios límites de emisión, de una manera similar a como los países de la Unión Europea han invertido en créditos que representan recortes de emisiones generados por proyectos de energía limpia en los países pobres.



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