Los costes económicos y los riesgos globales de no actuar ya para frenar el cambio climático en España supondrían una pérdida del 5 por ciento anual del Producto Interior Bruto (PIB), lo que llevaría a una caída de entre el 15 por ciento y el 19 por ciento del PIB en 2040, según un informe del Colegio de Eméritos.

Así, "El Cambio Climático y las Políticas Económicas: España y El Mundo" considera que España, debido a su rápido desarrollo económico y demográfico, además de su rigidez estructural, tendría que hacer un esfuerzo extra para cumplir con los compromisos adoptados al firmar el Protocolo de Kioto y evitar que el coste del cambio climático en España sea muy superior al que experimenten otros países de la Unión Europea. Ese "esfuerzo" se estima en una pérdida cercana a 2,5 por ciento del PIB estimado para 2050.

El economista Miguel Córdoba, coautor del documento, una de las soluciones sería llegar a un modelo energético y económico global que regule el crecimiento del PIB y favorezca el control del cambio climático. También dijo que, en el futuro, el precio de los alimentos irá ligado a su valor en función de su valor energético. "No hay que crecer por crecer. El modelo económico ha de cambiar", añadió.

"Barriendo bajo la alfombra"

Por su parte, el catedrático Francisco García Olmedo, otro de los autores del estudio, centra su análisis en el cambio antropogénico que supone un cambio de clima y en cómo se puede frenar esa variación. En ese sentido, afirmó que "se ha estado barriendo bajo la alfombra sobre lo que se puede hacer" y, aunque se ha estimado el "coste de mitigación", no se ha calculado "el coste de no hacer nada".

Con este panorama, García Olmedo advirtió de que uno de esos costes será la desaparición de países completos a poco que suba el nivel del mar. Por ello, recomendó que para adaptarse al nuevo clima, "en realidad habría que cambiar totalmente el sistema económico mundial", y concluyó que "estamos ante un problema integral".

El análisis anima al esfuerzo ya que "hasta 2030 existe el potencial económico para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero hasta eliminar el crecimiento proyectado de emisiones globales e incluso reducirlas por debajo de los niveles actuales". De no hacerlo, en 2050, sólo Alemania perdería cerca de un 20 por ciento su PIB, mientras que el coste macroeconómico para reducir estos efectos sería de un 3 por ciento, según estos cálculos.

Así, este análisis apunta que, en concordancia con el Informe Stern, elaborado en 2007 por encargo del Gobierno del Reino Unido, "cuanto más bajo sea el nivel de estabilización, más pronto tendrán que ocurrir tanto el máximo como el declive". Por tanto, los esfuerzos que se realicen en las próximas dos o tres décadas tendrán un "gran impacto" sobre las oportunidades de conseguir niveles más bajos de estabilización.

El citado estudio sostiene que los países desarrollados deberían renunciar a un 1 por ciento del crecimiento de su PIB para que en 2050 se pueda estabilizar la composición de la atmósfera. Por último, Córdoba recordó que otro de los principales escollos de la problemática es el sistema de asignación de cuotas de CO2 a países, ya que el actual no permite un mercado libre de compra de derechos de CO2. Mientras la Unión Europea emite aproximadamente el 18 por ciento del C02 a la atmósfera, sólo entre China y Estados Unidos alcanzan cerca del 50 por ciento de emisiones.



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