Los animales migran en busca de condiciones propicias para su supervivencia, lo que se acentúa cuando se produce un cambio de ciclo climático.

Los descubrimientos se han publicado en Science y muestran cómo especies con un hábitat reducido (la mayoría de las que componen la fauna del planeta) se han establecido en zonas en las que no se han producido migraciones intensas.

Según los investigadores, el último máximo glacial (UMG), el periodo de la historia climática de la Tierra en el que el manto de hielo alcanzó su extensión máxima (hace entre 26.500 y 19.500 años), fue más frío de lo que se pensaba hasta ahora y obligó a numerosas especies a desplazarse con mucha mayor frecuencia de lo que lo hacen los animales en la actualidad. Añaden que las especies del norte de Europa han llegado hace relativamente poco tiempo de sus refugios en el sur de Europa.

En colaboración con informáticos de MADALGO (“Centro de Algorítmica de Datos Masivos de Aarhus”), ecólogos de las universidades danesas y británicas mencionadas investigaron la velocidad a la que las especies se desplazaban por el mundo para adaptarse al histórico y radical cambio climático que supuso el UMG. El trabajo ha servido para aclarar si existen diferencias en las comunidades modernas entre zonas con tasas de migración necesaria local y elevada.

El equipo determinó la tasa de migración necesaria midiendo la velocidad a la que han cambiado las condiciones climáticas sobre la superficie del planeta. También tuvieron en cuenta la tasa de cambio de las temperaturas con el paso del tiempo y la influencia de la topografía del terreno en la velocidad. Por ejemplo, los investigadores descubrieron que en zonas muy montañosas un desplazamiento a poca distancia lleva aparejado un cambio pronunciado en la temperatura y velocidades de cambio climático mínimas.

Si una especie no migra a una velocidad acorde con la del cambio climático puede ver reducido su hábitat y enfrentarse a un riesgo de extinción. La probabilidad de que esto suceda es grande si la velocidad del cambio climático es alta en comparación con la capacidad de dispersión de la especie.

El equipo estableció gráficamente los patrones de diversidad de especies de hábitat pequeño de todo tipo de anfibios, mamíferos y aves terrestres para comprobar su hipótesis. Descubrieron que se generaba una concentración elevada de especies de hábitat reducido allí donde la velocidad era baja (por ejemplo en el sur de los Andes), mientras que allí donde la velocidad del cambio climático era elevada (por ejemplo en el norte de Europa) las especies con un hábitat reducido eran poco comunes.

La velocidad afectó en mayor medida a especies no adecuadas para la dispersión (anfibios), mientras que las más aptas para esta acción (aves) fueron las menos afectadas. En el caso de los mamíferos, los murciélagos mostraron patrones similares a las aves mientras que los mamíferos incapaces de volar presentaron patrones semejantes a los anfibios.

La investigación reveló un vínculo entre la velocidad de migración necesaria, la capacidad de una especie para dispersarse en respuesta a un cambio climático y la probabilidad de que un cambio climático inicie el proceso de extinción de una especie. Según el equipo, sus resultados proporcionan indicios de que, en conjunto, los cambios climáticos anteriores en una región, la topografía local y las capacidades de dispersión de las especies tienen consecuencias significativas a largo plazo en la distribución global de la biodiversidad.

Las actividades humanas aumentan la velocidad del cambio climático, aseguran. Existe una serie de regiones en todo el planeta, como la Cuenca del Amazonas y otras ubicaciones en África, en las que las velocidades solían ser bajas pero con probabilidad aumentarán en 2080. En estas zonas existen sobre todo especies de hábitat reducido que probablemente peligrarán al acelerar el cambio climático durante los próximos setenta años.



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