El ministro irlandés de Medio Ambiente, Phil Hogan, destacó en un comunicado que este acuerdo representa un equilibrio apropiado entre los objetivos ambientales y las consideraciones económicas. "El acuerdo no sólo protege el clima, sino que proporciona ahorro a los consumidores e impulsa la innovación y la competitividad en la industria automovilística europea, creando puestos de trabajo en el proceso", añadió Hogan.

A su juicio, se trata de un pacto beneficioso para el clima, los consumidores, la innovación y el empleo, y supone un paso importancia hacia una economía competitiva, con bajas emisiones de CO2.

Este acuerdo contempla la continuidad del uso de "supercréditos", unos incentivos para animar a los fabricantes a desarrollar tecnologías con emisiones muy reducidas. Asimismo, se plantea un nuevo objetivo de CO2 para el horizonte de 2025. También propone homogeneizar en todo el mundo los ciclos que determinan los consumos y emisiones de los coches. Con todo lo anterior, se espera que se produzca una reducción de ambos parámetros durante la vida útil de un vehículo.

La presidencia de turno de la UE subraya que con el objetivo establecido para 2020 se estimulará la innovación para fabricantes de automóviles y componentes, proporcionando una ventaja competitiva a la UE, al tiempo que se generará un efecto positivo sobre el empleo.

Los automóviles emiten hasta 45% más CO2 que las cifras con las que se anuncian

Los automóviles emiten entre un 17% y un 45% más de dióxido de carbono (CO2) en la realidad en comparación con la cifras con las que se anuncian, según los análisis comparativos realizados por varias asociaciones europeas de consumidores, entre las que se encuentra la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

La OCU informa en un comunicado que los fabricantes de automóviles, para reducir las emisiones de CO2, comercializan vehículos "en teoría menos contaminantes", aunque, en su opinión, "la realidad es que estas reducciones son bastante menores a las anunciadas".

Así, el informe recoge las mediciones reales del consumo y de los gases emitidos por los automóviles, que siempre son superiores a las publicadas. Según datos de un estudio del Consejo Internacional para el Transporte Limpio (ICCT), la diferencia entre los datos anunciados y los reales ha pasado del 10% en 2011 al 25% en 2012.

Esta variación se traduce en un sobrecoste de 300 euros anuales para los automovilistas. Según las asociaciones de consumidores, los fabricantes utilizan diferentes "trucos" para obtener menores emisiones en las homologaciones, como hinchar los neumáticos más de lo normal, usar ruedas de baja resistencia a la rodadura o camuflar salientes del coche para mejorar la aerodinámica.

Ante esta situación, las organizaciones solicitan la aplicación desde 2017 del Worldwide Light Duty Test Procedure (WLTP), como un protocolo que permite evitar dichos trucos y mejorar el actual ciclo de homologación de consumo.

Fabricantes europeos responden a la UE sobre objetivos de CO2

El secretario general de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (Acea), Ivan Hodac, ha subrayado este martes que los objetivos de CO2 para los coches fijados por la Unión Europea deben ser "ambiciosos", pero a la vez "viables".

Asimismo, Hodac se refirió a la propuesta para establecer nuevos límites de emisiones de CO2 en 2025. "La industria europea fabrica los vehículos con mayores requerimientos medioambientales del mundo, y tenemos el compromiso de seguir haciéndolo", subrayó el secretario general de Acea.

"Sin embargo, sería más razonable analizar los posibles impactos antes de establecer objetivos más allá de 2020, para asegurarse de que esos objetivos pueden ser a la vez ambiciosos y viables", concluyó Hodac.



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