Liderado por la Universidad de Western Sydney (Australia) y la Universidad de Ulm, en Alemania, y en el que han participado investigadores del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), el equipo internacional de 24 científicos descubrió, como se esperaba, que las especies que crecen en los bosques húmedos son menos resistentes al embolismo que las de zonas áridas. Al comparar la vulnerabilidad al embolismo con las condiciones de humedad típicas en las que vive cada especie, se comprobó que la mayoría de los árboles en la actualidad están ya operando "muy cerca" de su umbral de seguridad hidráulica.

Uno de los principales problemas al que se enfrentan las plantas durante la sequía es el de mantener en funcionamiento las "tuberías" de su sistema vascular, algo esencial para los árboles, ya que están obligados a transpirar cantidades muy grandes de agua cada día si quieren continuar absorbiendo el dióxido de carbono que necesitan para hacer la fotosíntesis y mantener su funcionamiento metabólico.

El sistema vascular de los árboles conecta las raíces con las hojas y está formado por infinidad de tubos interconectados, similares a vasos sanguíneos, una red hidráulica que puede romperse durante la sequía provocando una embolia gaseosa. Cuando el suelo se seca, el agua de dentro de los conductos está bajo una gran tensión que puede provocar que se rompa el hilo continuo de agua que hay en su interior, lo que daría paso a una obstrucción de aire similar a las embolias humanas, que pueden bloquear el sistema circulatorio.

A medida que aumenta el estrés por sequía, el aire se acumula en el sistema hasta que la planta deja de poder transportar agua a las hojas, se deseca y muere. La vulnerabilidad a estas embolias es uno de los factores principales que determina los efectos de la sequía en los árboles, pero las plantas varían dramáticamente en su tolerancia a las embolias inducidas por la sequía, lo que hace difícil predecir qué bosques pueden verse más afectados por un aumento en las condiciones de sequía.

"Los resultados permiten entender por qué el deterioro de los bosques inducido por la sequía está pasando no sólo en las regiones áridas, sino también en los bosques húmedos, que normalmente no se consideran en riesgo de sufrir los efectos", explica Jordi Martínez-Vilalta, investigador del CREAF y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Sin embargo, se sabe que los bosques pueden responder al cambio climático de varias maneras. Por ejemplo, algunas especies evolucionan lo suficientemente rápido como para mantener el ritmo que supone la evolución del clima, mientras otras especies migrarán a nuevos lugares donde haya mejores condiciones para sobrevivir pero otras pueden tener un mayor riesgo de desaparecer a medio plazo.



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