Un fósil viviente, que surgió cuando el planeta aún estaba dividido en dos (Laurasia y Gondwana). Al separarse, y cuando emergió la Cordillera de los Andes, sólo quedó en Chile.

La rana chilena (calyptocephalella gayi) es un anfibio único en el mundo, el último de su linaje, que surgió hace más de 110 millones de años.

“Hoy está declarada como vulnerable (según la IUCN), pero no hay acciones para estudiar ni su estado de conservación ni población. Es una pena, porque es un legado muy importante dentro de la biodiversidad”, dice Marco Méndez, académico del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Universvdad de Chile.

Su distribución coincide con el área de mayor densidad poblacional del país, explica, por lo que los impactos, se presume, son altos. No sólo el avance de la urbanización la está afectando, también especies exóticas invasoras -como la rana africana y la tortuga de orejas rojas- y la competencia por el agua con los agricultores. Además, a pesar de que está clasificada como vulnerable, aún es posible verla en restaurantes.

Su captura está prohibida y quienes la comercializan deben reproducirlas en criaderos. Pero como tardan más de tres años en lograr un tamaño comercializable, se sospecha que mucho de lo que se vende son ranas silvestres. Hay poca fiscalización.



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