Aunque esta primera propuesta es un paso adelante importante para la conservación de la biodiversidad europea, es insuficiente para reducir significativamente esta amenaza. SEO/BirdLife considera imprescindible que se contemplen, además, mecanismos de prevención flexibles y eficaces que permitan detectar las consecuencias que producen las especies exóticas invasoras (EEI) antes de que ocurran, ya que la prevención es la mejor herramienta frente a las invasiones biológicas.
  
El Parlamento Europeo y el Consejo tienen ahora un importante papel que desempeñar en la mejora de la propuesta de la Comisión, haciendo que la norma sea verdaderamente eficaz, introduciendo un sistema de clasificación adecuado de las EEI, así como mecanismos de prevención basados en el principio de precaución y estableciendo medidas reparadoras claras para los daños producidos por las EEI.
 
Principales deficiencias de la propuesta:
 
  -Sólo contempla 50 especies para los 28 Estados miembros, de las más de 1.200 especies que se ha comprobado que provocan daños ambientales, sociales o económicos.
  -No prohíbe la liberación intencional de las especies exóticas invasoras en la UE, cuando se ha comprobado que esta prohibición es esencial si queremos salvaguardar la biodiversidad de Europa, la salud de sus ciudadanos y reducir los costos económicos (el coste económico de los daños causados por las EEI se ha calculado en al menos 12.000 millones de euros al año).
  -No se ha elaborado ningún mecanismo de clasificación para las especies invasoras, de manera que se establezca un anexo con todas las detectadas hasta la fecha en el territorio de la UE, con distintas categorías en función de los daños que provocan, su grado y área de infestación, su potencial invasor y la prioridad de gestión o erradicación.
  -No se prevén mecanismos de respuesta que permitan actuar con eficacia ante la llegada de nuevas especies. No incluye la posibilidad de hacer “responsables económicos” a los que deliberadamente introducen EEI en el medio natural, de forma que la pérdida de biodiversidad y los daños económicos que provocan anualmente las EEI en el territorio de la Unión seguirá en aumento y los costes tendrán que ser asumidos por los contribuyentes europeos.



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