Los mejillones artificiales emulan a los naturales en el proceso de acumulación de metales pesados, proceso que le ha servido a estos bivalvos para ser uno de los mejores y más utilizados indicadores de la contaminación marina.

Lo que se trata de conseguir con estos mejillones artificiales es eliminar lo que se denomina ruido ambiental de la medición de estos contaminantes. El ruido ambiental son las pequeñas variaciones que introducen factores como la temperatura y salinidad cambiantes, la posible presencia de parásitos, el ciclo reproductivo, la disponibilidad de alimento, etc. Factores que afectan al estado fisiológico del mejillón y, en definitiva, a su capacidad de acumular y excretar los metales pesados.

Con el uso de estos nuevos muestreadores inertes se pretende eliminar gran parte de este ruido ambiental en la evaluación de la contaminación. Además, éstos también permiten disponer de medidores sencillos de la contaminación por metales pesados en lugares estratégicos donde no existen poblaciones naturales de mejillón.

El uso de poblaciones naturales de mejillón (u otras especies de bivalvos) para la evaluación de la contaminación química en zonas costeras está extendido en muchos países del mundo, respaldado y patrocinado desde el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente). Éstos, son una componente de los muchos programas de monitoreo del ambiente marino a nivel regional, como por ejemplo el Programa MED POL en el Mediterráneo.

La investigación liderada por el investigador Carlos Guitart, actual responsable del Laboratorio de Análisis de Metales del CMEB del Centro Oceanográfico de Murcia del IEO, se realizó en la bahía de Portman (Cartagena) en paralelo a la campaña “MEJI_2012”, en el marco del proyecto 2-ESMARME cuyo objetivo es el seguimiento de la contaminación química y sus efectos biológicos en la costa española mediterránea.



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