Agricultura y alimentación

El tratado de comercio e inversión que negocian Estados Unidos y la Unión Europea podría tener un gran impacto en la seguridad alimentaria y el sector agrario europeo. Las normas de seguridad alimentaria son mucho más laxas en EEUU, lo que implica menores costes de producción; una situación ante la que no pueden competir los agricultores europeos. El uso rutinario de antibióticos y hormonas de crecimiento en la producción de carne, prácticas como el lavado de pollos con cloro antes de su comercialización, los altos niveles de pesticidas que se permiten en los alimentos o el uso a gran escala de cultivos transgénicos en EEUU influyen directamente en la seguridad alimentaria y por tanto en la salud de las personas.

Debbie Barker, Directora Internacional del Centre for Food Safety de EEUU  y experta en el TTIP, destacó que “la intención de las empresas y grupos de presión corporativos es eliminar derechos y garantías democráticas de la ciudadanía, ya que los consideran barreras al comercio”. Las diferencias en la producción agraria entre EEUU y la UE tienen un efecto directo en la salud y el medio ambiente: “la resistencia a antibióticos es ya un problema serio de salud pública en EEUU. El uso continuado de fármacos en la producción de carne provoca que muchas personas no respondan a los tratamientos  con antibióticos”, añadió Debbie Barker.

El modelo agrario predominante tiene una gran repercusión en el medio ambiente. Blanca Ruibal, responsable de agricultura y alimentación de Amigos de la Tierra, explicó que “para afrontar el reto de alimentar a la población mundial es necesaria una agricultura y una alimentación en la que las personas sean el centro, un modelo de agricultura que además protege el medio ambiente. De hecho en Europa un gran porcentaje de las explotaciones agrícolas y ganaderas son familiares, por lo que tenemos la capacidad de producir alimentos sanos, respetando el entorno. El TTIP amenaza precisamente a la agricultura familiar y supondría un gran escollo en la transición necesaria hacia un sistema alimentario justo y sostenible”.

En representación del sector agrario, Miguel Blanco, Secretario General de la COAG denunció que “rechazamos el TTIP porque pone en peligro el modelo social y profesional de agricultura de la UE y la apuesta estratégica de nuestros agricultores y ganaderos por la calidad, la seguridad alimentaria, el bienestar animal y el respeto al medio ambiente. No podemos aceptar que la UE utilice una vez más la agricultura como moneda de cambio en los acuerdos comerciales con terceros países”.

Las organizaciones hicieron hincapié en las pérdidas que representaría el TTIP para el sector agroalimentario europeo. Un informe de Amigos de la Tierra, “TTIP, Sembrando Pérdidas para el sector agrario”, demuestra como el PIB europeo disminuiría un 0.8%, mientras la agricultura estadounidense vería aumentada su aportación en un 1.9%. Claramente el TTIP beneficiaría este sector estadounidense, pero no al europeo.



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