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Fiebre
de oro y desarrollo sostenible |
Edición
enero 2007 |
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| Miles de buscadores han deforestado más de 30 hectáreas de selva amazónica cerca de Apuí (Brasil) para obtener 150 kilos del metal con un 98% de pureza.
Negocios inflados De allí los aventureros deben atravesar 70 kilómetros en vehículos todoterreno a través de caminos de tierra y fango. Después cruzar en lanchas rápidas el río Juma, para caminar cuatro kilómetros de selva hasta alcanzar los cinco cráteres abiertos por los que llegaron antes. Como los pioneros, la mayoría de los mineros también están armados con herramientas ligeras y bateas, de fondo cónico hechas de madera o metal. Ese es el principal instrumento para colar el barro del maltratado río en busca de las ansiadas pepitas de un oro tan concentrado que, según los mineros, ni siquiera necesita ser amalgamado con mercurio. La principal herramienta de devastación es la motosierra, para cortar árboles de hasta 40 metros de altura y abrir paso en la densa y húmeda selva. Todo escasea El propio metal es lo que da menos dinero. La comida, el combustible, las bebidas y las prostitutas se pagan a precio de oro, literalmente, y a un valor cuadruplicado respecto a los precios vigentes en la "civilización". Hombres, mujeres y niños, predicadores evangélicos, médicos, comerciantes, ex presidiarios y políticos locales se han sumado a la corriente humana que desborda cada día el antes prístino ambiente de la selva milenaria. Basta un pequeño capital para iniciar fortuna aprovechando que allí todo escasea, desde el agua de beber hasta los fósforos y el aguardiente. Este oro es de una alta pureza de 98%, según compradores de la empresa Oro Minas instalados en el lugar. Los propios mineros dicen que en dos meses han sido extraídos 150 kilos del metal, que es cotizado en la zona al equivalente a unos 19 dólares (15 euros) el gramo. Esto arroja una riqueza sólo en oro de unos tres millones de dólares (2,3 millones de euros), suponiendo que el cálculo sea correcto. Pero los daños ambientales y sociales ya son mucho mayores. Según la Secretaría de Desarrollo Sustentable del estado Amazonas, el área devastada ya superaba las 30 hectáreas. |
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| Agencias |
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