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Disfrutar
de las ventajas de vivir en una sociedad de consumo
acarrea una serie de inconvenientes para el Medio Ambiente
que no siempre se tienen en cuenta. Debido al estilo
de vida actual y a la tendencia cultural del ‘usar
y tirar’, el volumen de basuras ha aumentado considerablemente
en los últimos años, contribuyendo a que
la acumulación de residuos se convierta en un
problema.
Son varios los sistemas
que, desde algunos gobiernos, se van implantando para
intentar disminuir el impacto medioambiental de las
basuras. Las tres ‘erres’: reducir, reutilizar
y reciclar, son su objetivo y la solución a los
problemas medioambientales. Acciones viables gracias
al desarrollo tecnológico que permite disminuir
el nivel de los residuos generados, recuperar los producidos
e introducir procesos industriales más limpios
y ecológicos.
Sin
embargo, sin una sociedad concienciada con el entorno
y dispuesta a poner en práctica medidas para
que el volumen y la peligrosidad de los residuos no
aumente, no sirven de nada. Gestos como la clasificación
de los residuos, aprovechar el papel o utilizar pilas
recargables son algunos ejemplos a seguir por los particulares.
Pero para conseguir cambios favorables las medidas preventivas
han de ser acatadas, a su vez, por los sectores industriales,
exigiendo a las autoridades la imposición de
las medidas y correctivos adecuados. El problema radica
en que dentro de la escala de valores de algunos de
los países más ricos y a su vez contaminantes,
la salud del planeta esté situada muy por debajo
del desarrollo económico.
Más de cerca,
cada ciudadano produce diariamente 1 kg de basuras domésticas,
también denominadas Residuos Sólidos
Urbanos (RSU), entre los que se encuentran plásticos,
latas, papel, residuos orgánicos, vidrio... A
estos se añaden los residuos peligrosos, generalmente
más contaminantes y difíciles de reciclar,
como las pilas, medicamentos, desinfectantes...Todo
ello genera una gran masa de material tóxico
que hay que eliminar.
Hasta los años
90 toda la basura era derivada a vertederos o se incineraba.
Esto provocaba que suelos, aguas y atmósfera
estuvieran contaminados. Por ello, se siguió
el ejemplo europeo implantando en las calles un sistema
de recogida selectiva. Contenedores especializados para
cada tipo de residuo: contenedor azúl (papel
y cartón), verde (vidrio), amarillo (plástico,
metal y bricks) y gris (material orgánico y restos).
Sin embargo, quién
no se ha preguntado en alguna ocasión cómo
deshacerse de residuos menos usuales,
normalmente más dañinos y también
generados en el hogar. Los Puntos Limpios son
su destino, centros de recogida selectiva donde los
residuos son tratados adecuadamente y no los contenedores
de basura convencionales, a los que muchos acuden bien
por desinformación o por aparente comodidad.
De hecho, según
un estudio elaborado por la Organización de Consumidores
y Usuarios (OCU), más del 46 por ciento de los
encuestados en la Comunidad de Madrid, no ha usado nunca
un punto limpio. Destaca la falta de información
útil por parte de la Administración hacia
el ciudadano, la escasa comunicación entre las
diferentes administraciones públicas y la falta
de regulación estatal que permita tanto la homogeneidad
de las instalaciones como de los residuos que se acogen,
concluye dicho informe.
Esto supone la existencia
de una gran cantidad de residuos especialmente contaminantes
que siguen siendo eliminados junto al resto de los desperdicios
domésticos, con su correspondiente derroche de
materias primas, energético y económico.
Además del riesgo para los operarios de estos
servicios.
El Punto Limpio evita
el deterioro del Medio Ambiente, ya que su función
es reciclar restos, eliminar los vertidos incontrolados
de desperdicios que por su gran tamaño no pueden
ser recogidos por los servicios convencionales y separar
los residuos peligrosos.
Los restos llegan al
Punto Limpio seleccionados previamente por los usuarios.
Allí, un operario informa sobre cómo y
dónde se deben dejar. Generalmente existe una
plataforma en la que se encuentran los diferentes contenedores,
se accede andando o en coche, y en ellos se depositan,
por separado, los residuos:
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Banales,
como vidrio, cartón, papel, plásticos,
metales, tetra briks, pvc, maderas, restos
de poda, latas etc.
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Peligrosos,
por ejemplo aceite doméstico, otros
aceites, aerosoles, baterías, pilas,
fluorescentes, medicamentos, pinturas o radiografías,
entre otros.
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Voluminosos,
como son frigoríficos, mobiliario,
escombros...
-
Nuevos
residuos, en los que se incluyen
cartuchos de tóner, termómetros
de mercurio, consumibles informáticos,
aparatos electrónicos, envases metálicos
y de plástico de aceite usado en vehículos,
teléfonos móviles y baterías,
ropa usada…
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Todos de procedencia
particular, los residuos industriales se depositan en
otras instalaciones.
El funcionamiento de
los Puntos Limpios requiere que los ciudadanos se impliquen
y
participen activamente en el reciclado. Para ello, a
parte de las campañas informativas, algunos ayuntamientos,
como el de la Comunidad de Madrid, han diseñado
Puntos Limpios Móviles que facilitan
el proceso y aumentan la eficacia ya que funcionan
como plantas de transferencia intermedias previas al
traslado a los centros de tratamiento o reciclaje,
afirman.
Camiones de dos ejes,
con una caja accesible por su parte trasera y 14 metros
cúbicos de capacidad estacionan en las zonas
de mayor tránsito. El Ayuntamiento programa los
días de la semana en que el camión estará
en cada punto, de modo que el usuario siempre sepa su
ubicación y se vaya creando hábito entre
los ciudadanos. Aerosoles, pilas usadas, baterías,
tubos fluorescentes, pequeños electrodomésticos,
tóner, pinturas, aceite vegetal y radiografías
son los residuos permitidos en los Puntos Limpios Móviles.
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