
La
geografía del continente Americano hace posible
que se produzcan un mayor número de huracanes
y desastres naturales. Por ello que deberían
tener previstos en casi todos los casos, pero es un
hecho que aunque se contempla con antelación,
las consecuencias que acarrean, nunca vienen de serie.
Así, el Tsunami de finales de
2004 y la inundación de Nueva Orleans han sido
culmen de los desastres naturales de los últimos
años, tanto por sus consecuencias devastadoras,
como por la advertencia acerca de construir o no en
determinados terrenos, o el tratamiento de éstos.
El caso de Nueva Orleans no es tan particular. Hace
media década ya se advertía sobre los
peligros que podría acarrear la geomorfología
de Nueva Orleans. El delta en el que se situaba la
ciudad, había sido sometido a una serie de
transformaciones por la mano del hombre, que han ido
acabando con su naturaleza, y el agua ha acabado por
devorar esta ciudad que se halla por debajo del nivel
del mar.

Infografía
de: Revista
Investigación y Ciencia
Y Katrina acabó
con la posibilidad de remediarlo
Cuando Katrina hizo su aparición,
se temía que la situación se desbordara;
se temía que pudiera ocurrir algo semejante.
Pero ¿cuánto podría haberse retrasado
la catástrofe de no haber sido por el huracán
Katrina? Posiblemente no mucho más. Estudios
realizados entre 2000 y 2001 señalaban el riesgo
para 2090 a mucho tardar. En esas fechas, Nueva Orleans
no existiría. No quedaría nada.
Surgen voces, encaminadas al calentamiento
global, al Protocolo de Kyoto... “¿Por
qué fallaron los diques?” no es la única
pregunta que se hacen los medios de comunicación
de todo el mundo. Muchos denuncian y se amparan en
que la tragedia de Nueva Orleans es un nuevo llamado
de alerta sobre un grave problema civilizatorio: el
descuido del ecosistema. Es de esperar que la catástrofe
del sur de los Estados Unidos estimule una mayor conciencia
sobre el tema.
En 2001 se publicó en la revista
Investigación y Ciencia
un artículo sobre “Deltas en zonas habitadas”
en el que se advertía sobre el riesgo que supondría
no tomar medidas en este tipo de zonas. Medidas que
irían desde “pequeños pasos”,
como respetar la naturaleza de los Deltas, a “grandes
obras de ingeniería”, como canalizaciones
a gran escala. En titulares de aquel artículo
se afirmaba que si viniera un huracán, la ciudad
de Nueva Orleans quedaría sumergida bajo seis
metros de agua.

Fuente: Revista
Investigación y Ciencia
Situación geofísica
de Nueva Orleans
La situación geográfica de Nueva Orleans
la sitúa por debajo del nivel del mar en una
depresión flanqueada por diques que la delimitan
al norte con el lago Pontchartrain, y al sur y al
este con el río Mississippi. Ya en 2001, la
ciudad comenzaba a hundirse, y se llegaba a afirmar
que con una simple tormenta media, la catástrofe
podría ser de órdago.
Las tormentas podrían extenderse por el delta
del Mississippi, que se interpone entre la ciudad
y el golfo, cada vez más debilitado, cada vez
menos delta. Entrar en el golfo, verterse en la depresión
y dejar atrapadas a centenares de personas.
“Tarde o temprano la amenaza del huracán
se cumplirá”, rezaba el artículo
de la revista Investigación y Ciencia. Cada
año pasaba un huracán cerca. Y este
año le tocó a Katrina. E hizo reales
los miedos de los ecologistas y geofísicos.
Arrasó con la ciudad.

Fuente: Investigación
y Ciencia
Medidas de prevención
en los humedales
Hemos comentado antes que gran parte
de la culpa la tiene la mano humana que ha terminado
por destruir el delta. Construcción de diques
en los ríos, drenaje de humedales, dragado
de cauces, y la excavación de canales en las
marismas, han sido algunas de las causas que han inundado
Nueva Orleans. Predecían “una Venecia
en apuros, o una Atlántida moderna”.
Población arruinada y pérdidas para
todo Estados Unidos. ¿Por qué? La costa
de Luisiana produce un tercio del marisco de Estados
Unidos, un quinto del petróleo y un cuarto
de gas natural. Alberga un 40% de sus humedales costeros
y es el lugar de invernada de un 70% de aves acuáticas
migratorias. El mayor puerto de la Nación se
extiende desde Nueva Orleans hasta Baton Rouge.
Al desaparecer los humedales, se
desvanecía el parapeto que protegía
a Nueva Orleans del mar. “Una crecida provocada
por un huracán puede llegar a seis metros de
altura, pero cada seis o siete kilómetros de
marisma absorben agua como para que descienda treinta
centímetros”, comentaban expertos de
la revista Investigación y ciencia.
Nueva Orleans, a
la cabeza de una larga lista
Nueva Orleans debería servir
de precedente; no solamente porque se tenga que vigilar
el cambio climático y prever sus consecuencias
negativas (tormentas, tornados, maremotos), sino que
debería llevar a una mayor concienciación
acerca del respeto a los parajes naturales, como los
deltas. Tenemos varios ejemplos recientes, por ejemplo,
la catástrofe de hace unos años en el
camping del pirineo, en Bisecas, o la inundación
el siglo pasado de Ámsterdam. Cada año,
China se prepara para las inundaciones, y hace unos
años, fue la India la que sufrió las
consecuencias de la naturaleza embravecida.
Y otros a evitar, en los que deberíamos
hacer hincapié: hay partes de Houston que se
ha estado hundiendo más deprisa que Nueva Orleans.
También en los principales deltas del mundo;
así en Egipto, Venezuela, Vietnam... podrían
producirse inundaciones. La cuestión es que
debiera haber una mayor concienciación. Y mostrar
especialmente interés por el cambio climático,
que deshace los polos y aumenta el nivel del mar.
Una solución intermedia para
evitar estas catástrofes, según ingenieros
y científicos, hubiera sido recuperar las marismas,
para que absorban los niveles elevados de aguas, y
volver a conectar las islas barrera para cortar las
crecidas y proteger del mar las marismas recuperadas.
Pero éste y otros proyectos sólo son
posibles con una inversión concreta. Y ésta,
en el caso de Nueva Orleans, no se llevó a
cabo.