Al instrumentalizar a la naturaleza hasta el límite en beneficio del progreso
económico, hemos convertido nuestra casa en un almacén o mercado de abastos donde
todo lo que contiene es susceptible de tráfico comercial. En unas cuantas decenas de
años, la humanidad ha conseguido poner la vida del planeta al borde de la ruina (nota 7), en
un ejercicio de irracionalidad y codicia difícil de explicar que ha desembocado en un reparto enormemente desigual de la riqueza. Estados Unidos, por ejemplo, representa el
6% de la población mundial pero consume el 48% de la riqueza total del planeta.
Mientras tanto, casi la mitad de la población mundial vive con menos de 2 dólares
diarios.
En una sociedad donde el ciudadano se concibe a si mismo en su tiempo de ocio
como “consumidor” y dentro de su actividad laboral como “recurso”, y vincula su
felicidad a la acumulación de bienes materiales, es fácil de entender que en este
contexto los problemas económicos automáticamente se convierten en un problema
social (nota 8) y político de gran calado. Estamos viendo actualmente al Banco Central
Europeo como a la Reserva Federal Americana realizar esfuerzos inauditos para
inyectar liquidez en unos mercados financieros sin control, ahogados por operaciones
globales relacionadas directamente con procesos especulativos, con el objetivo de que la
especulación global retome la senda de las ganancias.
Parece que el cambio de modelo, que sin duda se tiene que dar, va a ser
traumático. Las resistencias propiciadas por intereses de todo tipo son
inconmensurables. Muchas compañías y ciudadanos residentes en Estados Unidos y
Europa principalmente, se han instalado en una corriente escéptica respecto a todas las
alertas medioambientales y han forjado una coraza argumentada con munición
intelectual proveniente principalmente de publicaciones e informes de científicos
vinculados muchas veces a grandes compañías y lobbys que dependen del uso de la
energía fósil o los llamados Think tank con ideología económica neoliberal.
No es mi intención entrar en el debate científico sobre cuales son las causas del
origen del “Cambio Climático”; esta labor está encomendada a los científicos y estos
deben llegar a un consenso respecto a este tema, pero si quiero hacer notar que existe
una interesada carrera por desvirtualizar el fenómeno “Cambio climático”, y que en esta
carrera existe una tendencia exagerada, a veces por ignorancia, a pervertir el lenguaje.
El flujo argumental siempre es muy parecido; primero se dan datos verosímiles o
nombres de científicos y personalidades, aparentemente libres de toda sospecha, que
dicen poder demostrar firmemente que el origen del cambio climático no es como
consecuencia de la actividad humana. Posteriormente se referencia al “Principio de
Precaución” por el cual se argumenta que como no está demostrado en absoluto la
fatalidad del “Cambio climático” y sus causas, lo que se debe hacer es no tomar
medidas de racionamiento energético que puedan poner en riesgo el progreso
económico (nota 9); pero lo que determina el “Principio de Precaución” es justo lo contrario.
“El principio de Precaución” o de “Cautela” en materia ambiental, que es de lo que estamos hablando, exige la adopción de medidas de protección antes que se produzca
realmente el deterioro, operando ante la amenaza a la salud o al medio ambiente y la
falta de certeza científica sobre sus causas y efectos. Finalmente, y como colofón, se
recuerda que el planeta tiene problemas mucho más urgentes que resolver, como por
ejemplo, el hambre; como si el actual modelo no estuviera incumpliendo sistemáticamente todos los compromisos que se adoptan en esa dirección (nota 10).
|