El aprovechamiento de los residuos ha tenido una evolución positiva en el último decenio por dos razones. Por un lado, debido a la escasez de las materias primas, el incremento de los costes energéticos para su obtención, y en general por la tendencia alcista de los precios del hierro, cobre, zinc, aluminio, plomo y petróleo.
Y por otro lado, se han establecido marcos normativos destinados a favorecer la recuperación y el reciclado. El principal ejemplo es la propia jerarquía, como eje alrededor del cual se aprueban normas como el Real Decreto 679/2006 por el que se regula la gestión de los aceites usados, el Real Decreto 208/2005 sobre la gestión de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, que regulan la gestión de determinados residuos y establecen objetivos de recuperación y reciclado, junto con los objetivos que fijan los planes de residuos.
Pero también podríamos citar el Real Decreto 1481/2001 que regula la eliminación de residuos mediante depósito en vertedero y la Decisión 2003/33/CE por el que se establecen los criterios y procedimientos de admisión de los residuos en los vertederos; mediante estas dos normas se establecen las condiciones técnicas y de operación de los vertederos, y determinan los residuos que no podrán ser eliminados en estas instalaciones, por lo que descartan esta solución y es necesario buscar otra, incentivando por tanto lo primeros escalones de la jerarquía.
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Planta tratamiento
Foto: Asegre
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En la actualidad se gestionan anualmente 3.200.000 t de residuos peligrosos de los cuales el 70% son tratados en las instalaciones de las empresas miembros de Asegre. De este 70%, se reutilizan, reciclan y valorizan 887.000 t, es decir un 40% del total. El resto reciben tratamientos para reducir su peligrosidad y volumen, como los tratamientos físico químicos, biológicos y de inertización, previos a su eliminación mediante incineración o vertido.
Naturalmente, el creciente aprovechamiento de los residuos peligrosos ha tenido un efecto beneficioso para el entorno, porque permite sustituir materias primas y ahorrar energía que de otra forma tendrían que ser extraídas de la naturaleza. Y para el productor ha supuesto la reducción de los costes de gestión, en algunos casos llamativa, como es el caso de los residuos que contienen cobre y plomo, debido al considerable incremento de los precios de estos metales.
El aprovechamiento de los materiales y de la energía contenidos en los residuos se incrementará previsiblemente por la evolución de los precios de la energía y de las materias primas, por las políticas de las administraciones públicas, y por la propia marcha de la economía, puesto que obligará a las industrias a mejorar su competitividad, y por tanto a reducir los costes de adquisición de las materias primas y la energía.
Por último cabe destacar la componente tecnológica y de investigación que tienen estas actividades de recuperación, puesto que estas empresas deben ser capaces de descontaminar y recuperar recursos de un residuo cuya composición y características físicas y químicas desconocen en el momento de su recepción y que, además, varían continuamente; por otra parte, estas operaciones deben llevarse a cabo de forma que no afecten a la salud de las personas ni al medio ambiente y en condiciones económicas que generen valor. Esta componente se plasma en el dato de que el 25 por cien del personal de estas empresas es titulado, personal que se dedica a las labores de análisis de los residuos y a las operaciones para decidir la mejor solución para cada residuo.
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